Bar Marítimo en Palma: el lugar emblemático del puerto se prepara para renacer
La autoridad portuaria de Baleares convoca la concesión de la legendaria Bar Marítimo en el Paseo Marítimo. El local, inaugurado en 1951 y cerrado desde 2022, podría volver a ser un punto de encuentro con terraza.
Bar Marítimo en Palma: el lugar emblemático del puerto se prepara para renacer
La licitación pública de la autoridad portuaria busca devolver el local tradicional a la Plaza de Sant Domingo
En una mañana despejada en el Paseo Marítimo aún resuena el leve tintinear de las tazas de café, aunque la Bar Marítimo lleve años cerrada. Paseantes con perros, ciclistas y señoras mayores que disfrutan del sol en un banco miran una y otra vez hacia la terraza —un lugar con historia donde el mar y la vida urbana se encuentran.
La autoridad portuaria de Baleares ha decidido ahora convocar oficialmente la concesión de este local; la adjudicación será similar al nuevo intento para Anima Beach en Palma, donde la autoridad fijó condiciones y volvió a licitar un espacio en la costa.
Quien obtenga la adjudicación podrá gestionar el antiguo bar-café-restaurante por hasta doce años. La oferta incluye la terraza cubierta en la primera planta y la terraza exterior frente a la fachada —los dos espacios que muchos recuerdan como el corazón del local.
Para el vecindario es una buena noticia. La Marítimo fue fundada en 1951 por Francisco Alemany Roca y unos años después asentó su emplazamiento junto al barrio de Es Jonquet. Durante décadas fue punto de encuentro para locales, trabajadores del puerto y visitantes; también muchos huéspedes de habla alemana la apreciaron. Desde 2022, sin embargo, el local permanece cerrado: la pandemia y las obras en el Paseo Marítimo paralizaron su actividad.
La ubicación en el área ajardinada de Sant Domingo, a los pies del protegido barrio de Jonquet y junto al puerto, hace que el inmueble sea singular; eso se refleja también en otras concesiones en el Paseo Marítimo que está gestionando la autoridad portuaria. La autoridad portuaria destaca que el local atrae mucho tránsito peatonal y, al mismo tiempo, resulta accesible para residentes y usuarios del puerto. Eso responde al deseo de muchos vecinos de tener más vida y servicios en el entorno inmediato —sin perder el aire nostálgico del lugar.
Quien pregunta en el lugar escucha recuerdos: el aroma del café recién hecho por la mañana, conversaciones sobre fútbol, el tintinear de los vasos al atardecer en la terraza. Esos momentos cotidianos dibujan la imagen de la Bar Marítimo más que cualquier titular. Precisamente estas pequeñas escenas repetibles podrían volver a ocurrir —con nueva gestión, pero con el antiguo encanto.
La licitación deja espacio a conceptos modernos que respeten la historia. Sería deseable un operador que cuide la estructura del edificio, aproveche las terrazas de forma sensata y establezca horarios que integren también a la vecindad. En lo culinario no hace falta complicarse: una carta modesta con tapas locales, pescado fresco y unos cuantos clásicos de siempre bastaría para muchos. Noches culturales, lecturas o pequeños conciertos podrían animar el lugar sin diluir su identidad.
Por supuesto existen retos: hay que hallar un equilibrio entre uso turístico y vida cotidiana. El ruido, el tráfico de suministros y la forma en que el concesionario fija los precios son cuestiones que requieren atención práctica. Si la nueva dirección tiene en cuenta estas sensibilidades, la reapertura puede ser algo más que un negocio: será un trozo de vida urbana que regresa.
Para la gente de Palma la convocatoria es una oportunidad: un lugar conocido podría volver a florecer, y la terraza del Paseo Marítimo podría convertirse otra vez en punto de encuentro —como apunta Paseo Marítimo: nuevo impulso en la costa de Palma, que recoge el impulso en la zona tras las obras. Quienes paseen por la orilla en los próximos meses quizá ya descubran los primeros carteles, operarios o muebles nuevos.
La perspectiva de que la Marítimo reabra despierta ilusión. No se trata de un gran plan político, sino del regreso de un lugar cotidiano que muchos echan de menos: un sitio para encontrarse, observar la ciudad y detenerse un momento. Esperemos que la nueva concesión permita precisamente eso —una renovada versión cuidada en el espíritu de lo antiguo, con espacio para pequeñas alegrías y los sonidos familiares en la ribera de Palma.
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