Caro y Andreas Robens en chándal celebrando Nochebuena en Mallorca junto a mancuernas y su mascota.

Nochebuena en chándal: así celebran Caro y Andreas Robens en Mallorca

Entre pesas y la cena familiar: el programa navideño de los Robens en Mallorca es sencillo, con animales y muy acogedor. Una mirada tras la puerta de la casa en Ses Palmeres.

Nochebuena en chándal: así celebran Caro y Andreas Robens en Mallorca

Nochebuena en chándal: así celebran Caro y Andreas Robens en Mallorca

Cuando las calles de Ses Palmeres se vuelven más tranquilas al anochecer y el viento del mar apenas hace sonar los campos de alcachofas, en Nochebuena concluye una inusual jornada laboral en Mallorca. En un edificio luminoso junto a la carretera hacia Llucmajor, hasta las 18:00 aún hay gente completando sus rondas de entrenamiento: el Iron Gym de la familia Robens este año no forma parte de los estudios cerrados por las fiestas.

La noticia de que la pareja pasa el día entre clientes, pesas y la caja registradora suena casi como una pequeña promesa: en la isla hay personas que combinan trabajo y celebración en lugar de separar estrictamente ambos. Al caer la noche, en su casa de Ses Palmeres la luz se atenúa poco a poco. Caro, de 46 años, ha dejado claro cómo será la velada: "Nos lo ponemos cómodo y en la mesa habrá ensalada de patatas y salchichas".

Menús así podrían parecer poco glamurosos en otros años. En Mallorca, sin embargo, cuentan otra historia. La isla es un lugar donde la tradición y la cercanía a la naturaleza suelen pesar más que las grandes puestas en escena. En el corto trayecto desde la puerta del gimnasio hasta la de su casa, el paisaje sonoro cambia de las máquinas de cardio gruñendo a los perros ladrando y al leve tintinear de la vajilla. Caro y Andreas eligieron deliberadamente su nuevo piso en Ses Palmeres: cerca del trabajo, cerca de la naturaleza, cerca de los animales.

Los animales son un capítulo importante. Además de la sencilla comida casera, hay "más pelo en la casa": la pareja habla de nuevas incorporaciones animales en su finca. Ciudad y campo se mezclan aquí cuando, al caer la tarde, paseantes pasan frente a la propiedad y los cinco de cuatro patas —unos perros, otros gatos— miran curiosos la calle. Para muchos vecinos ya es una estampa familiar y un pequeño trozo de rutina que transmite calma.

El primer día festivo la familia apuesta por lo conocido: la madre de Caro se queda de visita diez días y preparará rouladas con acompañamiento de klöße, indicio de que los platos tradicionales alemanes no tienen por qué perderse en Mallorca. Estas visitas mantienen vivas las tradiciones y, al mismo tiempo, acercan generaciones: las voces de los niños, los cubiertos, el aroma del caldo —todo forma parte y hace acogedoras las noches de invierno en la isla.

Y como Mallorca es algo más que su propio terreno, si el tiempo lo permite hay planeado un paseo por la ciudad: el mercado navideño de Palma, que instala sus puestos en el parque Sa Feixina, es para la pareja un posible destino. Para la isla eso significa que los mercados locales, la gastronomía y los pequeños comerciantes se benefician de los paseantes que no sólo consumen, sino que dan vida al barrio.

La imagen que dibujan Caro y Andreas no es un cliché de famosos. Es un proyecto isleño sencillo y amable: trabajo de día, familia de noche. No hay gran espectáculo, sino huellas de la vida real. Para Mallorca eso es bueno: muestra cómo se pueden unir integración, emprendimiento y vecindad. Un gimnasio abierto en día festivo, una casa que huele a rouladas y una jauría que conoce la calle: son escenas que hacen que la isla en invierno parezca humana y serena.

Para lectoras y lectores que estén pensando cómo simplificar las fiestas: tomen la sugerencia al pie de la letra. Una comida sencilla en compañía de quienes quieres, un poco de movimiento al aire libre y tiempo para acariciar a los animales —a menudo no hace falta más para que la Navidad en Mallorca sea acogedora. Quizá esa sea este año la mejor manera de unir la vida insular y las fiestas.

Perspectiva

Los Robens muestran que el Adviento y la Navidad aquí no tienen por qué ser ruidosos. Están cerca del vecindario, trabajan, cuidan tradiciones y recuerdan: en Mallorca son los pequeños rituales los que se convierten en fiesta. Y si el tiempo acompaña, un paseo nocturno por Palma forma sin duda parte de ello.

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