Lata de Lacasitos abierta con 26 bolsitas de polvo blanco empacadas como evidencia.

Cocaína en una lata de Lacasitos: detención en Artà y las preguntas abiertas

Durante un control de Año Nuevo en Artà, la Guardia Civil halló en una lata de Lacasitos 26 porciones empaquetadas de polvo blanco. Fue arrestado un hombre de 40 años. Por qué estos escondites siguen funcionando y qué falta en la zona.

Cocaína en una lata de Lacasitos: detención en Artà y las preguntas abiertas

Cocaína en una lata de Lacasitos: detención en Artà y las preguntas abiertas

Control de Año Nuevo saca a la luz 26 porciones en una lata de golosinas — investigaciones en curso

En el día de Año Nuevo, una patrulla de la Guardia Civil detuvo un vehículo en una salida de Artà porque el conductor realizó una maniobra de conducción inusual. Durante el registro, los agentes encontraron en un recipiente de la golosina «Lacasitos» 26 bolsitas individuales con polvo blanco. Los análisis de laboratorio confirmaron más tarde que se trataba de cocaína; casos similares han sido noticia en la prensa local, como La policía detiene en Palma a un presunto traficante de drogas: incautan drogas y dinero en efectivo. El conductor, un hombre de 40 años, fue detenido; además se le incautaron alrededor de 275 euros en efectivo, por lo que los investigadores sospechan tráfico de drogas y han remitido el caso a la justicia.

Pregunta guía: ¿Cómo consiguen los narcotraficantes ocultar sustancias en objetos cotidianos una y otra vez — y qué puede hacer la isla al respecto?

Los hechos son escuetos y claros: los escondites en envases cotidianos no son un fenómeno nuevo. Aun así sorprende la falta de originalidad en la elección del embalaje: una lata de chispas de chocolate parece inofensiva, no despierta sospechas y es fácil de transportar. Controles como el de Artà funcionan en estos casos porque los agentes atentos detectan irregularidades. Aquí, una maniobra evasiva en un punto de control fue el desencadenante.

De forma crítica surge la cuestión de cuánto de grande es realmente el problema. Veintiséis porciones son más que una cantidad para consumo personal inmediato; la suma de dinero en efectivo refuerza la sospecha de actividad de venta. No hay datos públicos sobre la frecuencia de hallazgos similares en Mallorca; tampoco se sabe con claridad qué trayectos o franjas horarias son especialmente vulnerables. Eso dificulta que residentes y municipios actúen de manera focalizada, aun cuando existen también hallazgos de gran envergadura, como 675 kilos de cocaína: qué significa el hallazgo para Palma, Inca y Binissalem, que subrayan la magnitud de la problemática.

Lo que falta en el discurso público es una mirada sobria en dos niveles: por un lado, la prevención social —quién compra, quién vende y qué circunstancias sociales empujan a las personas al tráfico—; por otro, la perspectiva organizativa de los controles: ¿están los puntos de control distribuidos de forma adecuada, hay suficiente personal en la Guardia Civil y la Policía Local, y cómo es la coordinación con las autoridades portuarias y aeroportuarias, que a menudo desempeñan papeles de tránsito?

Una escena fácil de imaginar: una mañana de enero, luces azules en el arcén, olor a gasóleo y a asfalto húmedo, un campesino con botas de goma pasa en su tractor, en algún sitio ladra un perro. Esos controles perturban la rutina, pero para las fuerzas de seguridad suelen ser el método más eficaz para lograr hallazgos puntuales. Sin embargo, requieren mucho personal y tiempo —y por tanto son costosos—, como han mostrado también casos de desembarcos y hallazgos masivos, por ejemplo Más de media tonelada de cocaína varada en Playa d'en Bossa – Dos hombres detenidos.

Las medidas concretas que podrían discutirse localmente no son nuevas, pero rara vez se aplican con constancia: controles más sistemáticos en carreteras de acceso conocidas a centros turísticos, mayor cooperación entre Guardia Civil, Policía Local y fiscales, financiación de unidades especializadas en detectar escondites sofisticados y canales de información de fácil acceso para que los vecinos comuniquen observaciones sospechosas. La educación en escuelas y a trabajadores temporales sobre los riesgos del consumo de drogas y las consecuencias penales sería igualmente necesaria, así como programas de reinserción social para quienes son empujados al tráfico; todo ello en un contexto en el que los operativos y sus repercusiones han generado debates públicos, como refleja Drogas, millones y la sospecha de abuso de autoridad: lo que revela el operativo en Mallorca.

Otra propuesta práctica: campañas que alerten sobre la creatividad de los smuggleres pueden ayudar a sensibilizar sobre envases inusuales —en supermercados, servicios de mensajería y tiendas de segunda mano. Estas medidas preventivas deben adaptarse localmente: en pueblos como Artà, donde los vecinos se conocen, las advertencias y preguntas suelen tener más efecto que líneas anónimas de denuncia.

Para concluir, un balance claro: el hallazgo en la lata de Lacasitos es un caso pequeño pero revelador. Muestra que los controles pueden funcionar y que los delincuentes intentan esconderse en lo cotidiano. Al mismo tiempo pone al descubierto carencias —en el debate público, en la prevención y en los recursos de las fuerzas de seguridad. Quienes en Artà o en cualquier otra parte de Mallorca vean por la mañana las sirenas y el destello de las luces azules deben saber: estas intervenciones consumen tiempo y dinero, pero contribuyen de forma tangible a la seguridad. La cuestión es si la política y la administración están dispuestas a extraer lecciones sistemáticas de ello y a dotarlas de medios.

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