Cartel municipal de Manacor anunciando prohibición de pirotecnia y música en la calle para Sant Antoni 2026.

Manacor marca límites: pirotecnia en Sant Antoni solo con permiso

Manacor marca límites: pirotecnia en Sant Antoni solo con permiso

La ciudad de Manacor prohíbe petardos y cohetes en Sant Antoni 2026 sin permiso previo. La música en vivo en la calle y los altavoces exteriores también están prohibidos. Una decisión con repercusiones para la tradición y el desarrollo de las celebraciones.

Manacor marca límites: pirotecnia en Sant Antoni solo con permiso

Una prohibición que afecta más que los petardos

Manacor ha endurecido las normas para la fiesta patronal de Sant Antoni: fuegos artificiales, petardos y cohetes están prohibidos, a menos que el ayuntamiento haya concedido previamente una autorización expresa. Los puntos centrales de la celebración se concentran en la noche del 16 de enero; el 17 de enero es festivo en Manacor. Además, los conciertos en la calle y los altavoces en el espacio público quedan prohibidos; la prohibición de conciertos en Es Coliseu es un ejemplo de medidas similares en la isla. Los tradicionales "goigs" podrán seguir entonándose, anunciados para el 16 de enero a las 21:00 en la Plaça de la Concordia.

Pregunta central: ¿es la prohibición una protección necesaria para la seguridad pública y la calidad de vida, o perjudica las costumbres locales y a los comerciantes más de lo necesario?

La nueva norma, a primera vista, es sencilla: menos petardos, menos riesgo, menos ruido. Desde la vida cotidiana suena razonable. En enero sopla con frecuencia una fuerte tramuntana; los campos secos y los olivares están cerca de las poblaciones, y una chispa puede convertirse rápidamente en un problema. Al mismo tiempo, Sant Antoni es una fiesta que mucha gente asocia con momentos ruidosos y bulliciosos. La cuestión es si el ayuntamiento encontrará el equilibrio con una prohibición general y autorizaciones puntuales.

Analizado con espíritu crítico, quedan detalles por resolver. ¿Cómo será el procedimiento de autorización? ¿Quién evaluará los planes de seguridad? ¿Existen zonas delimitadas en las que se puedan llevar a cabo exhibiciones pirotécnicas controladas, y quién asumirá los costes de vallado, servicios sanitarios y la presencia de bomberos? Sin respuestas claras, las prohibiciones pueden parecer arbitrarias en la práctica, o los organizadores pueden verse obligados a cancelar a último momento.

Lo que suele faltar en el debate público son requisitos concretos y transparencia. Ciudadanos y ciudadanas quieren saber si existen exigencias estandarizadas de seguridad (distancias a edificios, umbrales de viento, medidas de protección contra incendios), qué plazos rigen para las solicitudes y qué alternativas existen. Tampoco se habla lo suficiente de las consecuencias sociales: los vendedores callejeros, los bares pequeños y los grupos tradicionales que complementan sus ingresos con Sant Antoni son vulnerables ante prohibiciones de última hora.

Una escena en Manacor: en la Plaça de la Concordia, por la tarde, hay personas mayores sentadas en bancos de madera, niños corriendo entre los puestos del mercado y música tenue saliendo de un bar. El anuncio de la prohibición circula en conversaciones: unos respiran aliviados, otros niegan con la cabeza. No son debates abstractos: son personas que planifican, ensayan y venden. Esos sonidos cotidianos forman parte de la decisión y deberían reflejarse en los expedientes municipales.

Se pueden agrupar soluciones concretas: primero, debe establecerse un procedimiento de autorización transparente con plazos claros y criterios publicados, tanto en línea como en puntos de atención del ayuntamiento. Segundo, son útiles zonas señalizadas y seguras donde la pirotecnia profesional pueda realizarse; esas áreas deberían contar con perímetros seguros, equipos de extinción y cierres temporales. Tercero, el ayuntamiento debería promover alternativas: shows de drones y luces autorizados, desfiles con luminarias móviles o procesiones de antorchas coordinadas que mantengan visibles las tradiciones sin aumentar el riesgo de incendio.

Cuarto, hace falta comunicación: reuniones informativas en los barrios, planos tipo para organizadores locales y interlocutores claros en el Ajuntament. Quinto: apoyo a los comerciantes que puedan ver mermados sus ingresos por las restricciones —ventanas de autorización a corto plazo, tasas reducidas o ayudas para la replanificación. Por último, los "goigs" deberían protegerse como elemento cultural e integrarse en el programa oficial, en lugar de tratarlos como meras excepciones.

Legalmente, la norma implica que el municipio ejerce su potestad sobre el espacio público y puede imponer condiciones; ese marco se inscribe en la Ley Reguladora de las Bases del Régimen Local. Políticamente, sin embargo, el asunto exige tacto. Un enfoque demasiado restrictivo corre el riesgo de que las celebraciones se trasladen a patios interiores, se produzcan usos ilegales de pirotecnia y, con ello, aparezcan peligros mayores. Un enfoque excesivamente laxo, por su parte, minaría el objetivo de la prohibición.

Mi conclusión: la prohibición es un intento por limitar riesgos y proteger la calidad de vida. Sin reglas claras, procedimientos transparentes y alternativas prácticas, podría generar más problemas de los que resuelve. Manacor debe conciliar seguridad jurídica con sensibilidad cultural. Si el Ajuntament abre el diálogo con asociaciones, bomberos, comerciantes y personas mayores, Sant Antoni podrá celebrarse —quizá más sonoro en la memoria, pero más seguro en la práctica.

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