La Royal Clipper, un velero de cinco mástiles atracado en el puerto de Palma, con sus altos palos y cubierta de teca

Royal Clipper de cinco mástiles visita Palma: nostalgia en el Paseo Marítimo

Un imponente cinco mástiles ha atracado hoy en el muelle de Palma: la <strong>Royal Clipper</strong>. Vale la pena pasear hasta el espigón por los mástiles, el aroma a teca y el ritmo inusualmente tranquilo entre los modernos gigantes de crucero.

Un avistamiento poco frecuente en el Paseo Marítimo

Quienes esta mañana paseaban por el Paseo Marítimo se detuvieron con más frecuencia de lo habitual. Entre líneas de autobús y cafés de la calle surgió de repente un gigante de madera que se alzaba hacia el cielo: la Royal Clipper, un auténtico cinco mástiles que despliega sus altos palos con calma hacia las nubes. No es el barco más ruidoso, pero sin duda uno de los más fotogénicos, al contrario de los colosales modernos como la Star Princess.

Tradición y confort

A primera vista la embarcación parece un viaje en el tiempo: teca pulida, un enredo de cabos y en la figura de proa una sirena estilizada. Al fijarse mejor se advierte la mano moderna: aire acondicionado, camarotes elegantes y esos pequeños detalles que esperan hoy los pasajeros de cruceros, no muy distintos a los que se comentan en torno a la Silver Whisper. Con aproximadamente 134,8 metros de eslora y 16,5 metros de manga, la Royal Clipper encaja de forma poco habitual entre los gigantes modernos sin perder su alma.

De barco escuela a velero de lujo

La historia del barco se lee como una mezcla de novela marinera y relato de rebranding. Diseñado originalmente para la formación y la práctica, la embarcación fue remodelada con los años y adaptada para el servicio de pasajeros de lujo. La versión actual se completó alrededor del cambio de milenio en los Países Bajos. Desde entonces el cinco mástiles recorre el Mediterráneo en verano y busca destinos más cálidos en invierno, al igual que otros cruceros de lujo que han atracado en Palma como la Explora II.

Cifras impresionantes

Son los datos los que sorprenden: unas 4.400 toneladas de desplazamiento, una superficie vélica que suma varios miles de metros cuadrados y un aparejo de velas cuadras que la sitúa entre las mayores de su clase. A bordo viajan solo unos pocos centenares de huéspedes —oficialmente un máximo de 227 pasajeros—, atendidos por una tripulación de algo más de 100 personas. Eso ofrece una experiencia más intensa que en los gigantes habituales: más cercanía a la vida de la tripulación, más espacio en pequeños rincones de cubierta y, en ocasiones, una plataforma de observación en medio de los palos.

Cómo reacciona la isla

En el muelle hoy se encontraban personas de toda índole. Un pescador en el espigón negó con la cabeza y dijo que algo así solo lo había oído en antiguas historias. Una mujer en el café se permitió un segundo cortado, sacó la cámara y comentó: «Esto anima el día». Los turistas buscaron los mejores ángulos para la foto, los locales saludaron y algunos niños corrieron tras la imagen como si la Royal Clipper fuera un monstruo de vela sacado de un libro ilustrado.

Pequeño espectáculo, gran efecto

La visita es breve —eso es habitual en este tipo de visitas—, pero el efecto permanece. Para los cafés del Paseo Marítimo el cinco mástiles supuso un aumento de clientela; los paseantes se quedaron más tiempo, hablaron con trabajadores del puerto y escucharon el crujir de los cabos, el leve ronroneo de los auxiliares diésel y el tintinear de la vajilla de los restaurantes a bordo. Esos sonidos, junto con el aroma a teca y a espresso, componen una escena poco habitual en Palma, aunque las escalas de grandes cruceros como la Marella Discovery suelen tener un impacto aún mayor.

Por qué es bueno para Mallorca

Barcos como este benefician a la isla: traen visitantes que buscan ralentizar el ritmo, que visitan museos, pequeños restaurantes y boutiques y valoran la atmósfera. A diferencia de los grandes cruceros masivos, singularidades como el cinco mástiles permiten encuentros, conversaciones y momentos auténticos —y eso dinamiza especialmente el casco antiguo y las zonas de la orilla.

Consejo práctico

Quien quiera ver la Royal Clipper debería acercarse a última hora de la mañana: la luz es entonces favorecedora, el Paseo no está aún saturado y los cafés disponen de mesas con vista. La contraluz de la tarde puede dar bonitas siluetas, pero complica las fotos. Un breve vistazo a las noticias del puerto indica cuánto tiempo permanecerá el barco —normalmente no mucho.

Son los pequeños detalles los que permanecen: el susurro en las velas, las risas ocasionales a bordo, las gaviotas que planean sobre los palos. Por una mañana, Palma ha recibido hoy un trozo de historia a vela —y alguna mirada más feliz.

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