
Fuego, chispas, comunidad: Sant Antoni arranca en los pueblos de Mallorca
Fuego, chispas, comunidad: Sant Antoni arranca en los pueblos de Mallorca
Los tradicionales recorridos de fuego de Sant Antoni se reanudan: en Sa Pobla, Manacor, Son Servera y Pollença las llamas chisporrotean hoy — mercados, carreras infantiles y las tardías carreras de diablos marcan las noches.
Fuego, chispas, comunidad: Sant Antoni arranca en los pueblos de Mallorca
Primeras noches con brasas, música y puestos de mercado
En Mallorca suele soplar una brisa fresca en enero, pero en los pueblos ahora crepita de otra manera: comienzan los primeros recorridos de fuego de Festivales de otoño en Mallorca: los puntos destacados de este fin de semana. El 17 de enero es el día del San Antonio Abad, y los lugares inician la época tradicional de desfiles de diablos y fuego con puestos de mercado y reuniones de vecindario.
Sa Pobla se ha convertido en los últimos años en uno de los puntos de encuentro fijos para Sant Antoni. En la Plaza Major, a la vista de la iglesia, la gente se reúne con mantas y termos. Cuando las primeras leñas empiezan a brillar, el olor a humo de madera se mezcla con el sonido lejano de cencerros y conversaciones; mujeres mayores con abrigos cálidos se ajustan las bufandas, jóvenes hacen malabares con bengalas y la banda local de metales toca riffs contundentes que mueven los pies.
También en Manacor reina el ánimo de fuego. Los recorridos allí no son necesariamente más grandes, pero tienen un ritmo propio: calles estrechas, llamas breves, grava crujiente bajo las botas. Manacor aporta así un aire urbano a una tradición casi rural: la gente se reúne ante el ayuntamiento, los niños corren entre las piernas de los adultos y algunos aún llevan las viejas botas de cuero del abuelo.
En el este, en Son Servera, el día comienza ya antes: desde las 17:00 abren puestos con todo lo relacionado con Sant Antoni. Se encuentran camisetas con humor local, figuras pintadas a mano, mermelada de naranja y, por supuesto, todo lo que va bien a la parrilla. Quien llegue tarde se perderá a las 23:00 la carrera de diablos que lanza chispas: las figuras disfrazadas de 'dimonis' recorren las calles con varas que lanzan chispas y el ambiente late hasta altas horas de la noche.
Pollença ofrece un programa pequeño pero cuidado: a las 20:00 los jardines Joan March acogen una carrera infantil de fuego. Allí los más pequeños, bajo vigilancia, pueden recorrer distancias cortas con antorchas pequeñas, acompañados de aplausos y risas. Más tarde, a las 22:30, toman el relevo los adultos y las rutas se vuelven algo más intensas, las llamas más altas y las historias más largas.
Estas noches son más que un espectáculo: son un ejercicio de comunidad. En las esquinas de las calles se encuentra a gente que de otra manera solo se saludaría de paso; la carnicería de enfrente saca una tanda extra de salchichas y el vecino trae una botella de su hierbas casera. En estas noches se hace visible cómo la isla cuida sus tradiciones y las transmite.
Para la economía de la isla, las fechas en la temporada baja suponen un pequeño impulso. Hoteles y restaurantes ofrecen propuestas especiales por la noche, artesanos venden figuras y tejidos y el mercado semanal gana una segunda capa ardiente de clientela. No se trata de una avalancha masiva, sino de un flujo humano de locales y visitantes curiosos que quieren ver la tradición; para más eventos relacionados consulta MallorcaMagíc.
Quienes quieran participar deberían tener en cuenta algunas cosas: calzado resistente, ropa abrigada, distancia a las hogueras y respeto hacia los participantes. Los vecinos están orgullosos de sus ceremonias y suelen velar porque todo se mantenga relativamente seguro. Ya con pequeños gestos se ayuda: tirar la basura en los contenedores, llevar a los perros con correa, no usar linternas innecesarias en la ruta.
Un consejo práctico: quien quiera vivir esto de cerca debería ir a pie o aparcar fuera del centro. Las calles estrechas se llenan rápido y el ambiente es más relajado cuando hay menos vehículos ocupando el espacio. Además, merece la pena apoyar los puestos locales: una figurita o una bolsa de almendras tostadas se convierte en recuerdo de una de estas noches.
Por supuesto, Sant Antoni también invita a observar y a participar: se puede simplemente quedarse a mirar la lluvia de chispas y escuchar los sonidos —voces de niños, pasos rítmicos, un suave rasgueo de guitarra cercano— o acompañar activamente un desfile. En muchos pueblos la atmósfera es relajada, amistosa y un poco pícaro.
En los próximos días la isla prevé más de estas citas: algunos pueblos celebran sus recorridos de fuego en varias noches, otros concentran el programa en el fin de semana alrededor del 17 de enero. Vale la pena consultar los anuncios locales o el ayuntamiento si se quiere planificar con detalle; por ejemplo hay noticias de otras fiestas locales como Alaró celebra San Roque.
Al final queda la imagen: llamas que iluminan brevemente los rostros, hilos de humo en el aire frío y personas que se acercan entre sí. Sant Antoni no es un espectáculo para el escenario, sino una hoguera social que calienta los pueblos, cuenta historias y mantiene unida la isla.
Así que si en los próximos días te encuentras en Sa Pobla, Manacor, Son Servera o Pollença — lleva una chaqueta, trae curiosidad y respeta las normas locales. Las noches van a crepitar.
Leído, investigado y reinterpretado para ti: Fuente
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