
Adrián Quetglas: buena cocina para todos — una visita al Passeig
Adrián Quetglas: buena cocina para todos — una visita al Passeig
Un paseo hasta el Passeig de Mallorca 20 conduce al pequeño universo de Adrián Quetglas: menús de mediodía asequibles, platos creativos y una cocina que enriquece Mallorca.
Adrián Quetglas: buena cocina para todos — una visita al Passeig
Cuando el sol del mediodía cae bajo sobre el Passeig de Mallorca y los plátanos proyectan sombra sobre la acera, el local de Adrián Quetglas es un remanso de calma entre autobuses, bicicletas de reparto y personas que aprovechan su pausa para comer. Se escucha el tintinear de los cubiertos, el murmullo de voces y, de vez en cuando, una moto que corta el silencio. Justo aquí, en el número 20, un cocinero que ha trabajado internacionalmente ofrece una cocina que no solo impresiona, sino que también resulta accesible; en la isla también existen opciones de chef a domicilio, como Chef privado en Mallorca: Metus Gourmet lleva la alta cocina a la casa de vacaciones.
La idea: alta cocina, menos barreras
Quetglas ha cocinado en restaurantes de Francia, Reino Unido e incluso Moscú. En Mallorca sigue desde hace años una máxima sencilla: ofrecer experiencias gustativas de primer nivel sin obligar a vaciar la hucha. Eso se refleja en la estructura de precios: un menú de mediodía de cinco pasos por 55 euros, un menú de noche y los sábados un menú de ocho platos por 85 euros —precios que se sienten más como una invitación que como una prueba del estado de cuenta.
Platos que perduran
El menú oscila entre sabores familiares y combinaciones sorprendentes. En la última visita destacó especialmente un plato: rabo de buey, envuelto con delicadeza en una hoja de vid, acompañado de royal de setas, apio y una salsa sedosa —un bocado en el que texturas y profundidad encajaban a la perfección. Antes llegó a la mesa una berenjena asada con un marcado toque de anguila y un tzatiki contundente; más tarde un pescado dorado con mousse de chile ahumado y un crumble crujiente de algarroba que ofrecía una melodía dulce a contratiempo. El menú suele terminar con una selección de quesos frescos o un requesón de cabra con granada, según lo que marque la temporada.
Prácticas de cocina y servicio
Lo que llama la atención aquí: al reservar preguntan por alergias e intolerancias, y la cocina ofrece, en caso necesario, alternativas elegantes. Esas pequeñas atenciones no son algo garantizado en todos lados, pero marcan la diferencia en un miércoles cualquiera, cuando familias, empleados de oficina y curiosos se sientan uno junto a otro. La carta de vinos está cuidadosamente seleccionada; quien busque cava o champán encontrará una amplia oferta, aunque no siempre barata. Muchos vinos se sitúan en una franja media, y algunos alcanzan niveles de precio más altos —lo que refleja el nivel de exigencia de la casa.
Por qué esto es bueno para Mallorca
No se trata solo de que un cocinero haga buenos platos; frente a críticas sobre la gastronomía de la isla, restaurantes así cambian la imagen cotidiana de una isla. Ofrecen empleos, establecen asociaciones con proveedores y demuestran que la cocina de calidad no tiene por qué ser un lujo inaccesible. Para los vecinos de la calle, el local es un lugar en el que se celebran tanto ocasiones especiales como encuentros de mediodía habituales. Esto fortalece la diversidad gastronómica de Palma y hace la ciudad más habitable.
Perspectiva y recomendación
Quien quiera visitar a Quetglas no tiene que ser un turista de fiesta mayor. El menú de mediodía es una vía de entrada inteligente para conocer la firma del cocinero. Además, gestiona otros conceptos —una oferta diaria con una atractiva relación calidad-precio y una pequeña barra de champán junto al restaurante principal— que complementan la propuesta; también conviven en la isla iniciativas como Chef privado en Mallorca: Metus Gourmet lleva la alta cocina a Capdepera. Para la escena local sigue siendo una referencia que evidencia gusto, valentía y constancia.
Tras un plato aquí se sale de nuevo a la paisajística del Passeig, con un posgusto de setas y chile ahumado en la cabeza, pensando: qué bien que existan lugares que hacen la buena cocina accesible; quien prefiera comer junto al mar puede optar por propuestas como Almuerzo junto al mar: lubina, vino y ritmo relajado en Portixol. Eso no es solo disfrute, es una pequeña ganancia cotidiana para la ciudad.
Leído, investigado y reinterpretado para ti: Fuente
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