
Demasiados coches viejos en Mallorca: por qué el problema va más allá del escape
Las Baleares tienen una de las flotas de vehículos más envejecidas de España. Qué significa esto para el aire, el ruido y la economía insular —y qué soluciones, más allá de simples subvenciones, podrían ayudar.
Coches viejos, calles ruidosas: un problema con carácter insular
Cuando a primera hora de la mañana el pescador de Portixol se apoya en el muro del puerto y el grito de las gaviotas resuena en el Paseo Marítimo, los sonidos habituales de la isla se mezclan cada vez más con otro ruido: un zumbido de motor pleno, algo áspero, de coches que claramente han visto mejores días. En las Baleares la edad media de un turismo supera los 14 años. La cifra por sí sola impresiona —la pregunta es: ¿hasta qué punto carga esto nuestra aire, nuestra salud y el futuro de las islas?
Más que estadística: por qué los coches viejos afectan de forma distinta en Mallorca
Que los vehículos de segunda mano dominen no se aprecia solo en los talleres de Inca o en los concesionarios de ocasión de Manacor. Se nota en las emisiones en las estrechas calles del casco antiguo, en las manchas de aceite en las plazas de aparcamiento bajo el sol y en las conversaciones en la parada de autobús de Son Gotleu. Los vehículos más antiguos suelen ser menos eficientes, tienen sistemas de depuración de gases obsoletos y tienden a averiarse con más frecuencia —un problema que en un sistema insular con capacidad limitada de recogida y reciclaje se vuelve más desafiante que en la península.
Realidad económica frente a la ambición de sostenibilidad
La mayoría de los residentes opta por un coche viejo por una razón sencilla: el precio. Un vehículo de segunda mano cuesta mucho menos que uno nuevo y para muchas familias es la forma de mantener la movilidad —ir al trabajo en Palma, hacer la compra o transportar encargos entre Santanyí y Alcúdia. Pero la lógica económica tiene su contrapartida: mayores emisiones, costes de mantenimiento más altos a medio plazo y una transición más lenta hacia una movilidad más limpia.
Aspectos que a menudo se pasan por alto
En el debate público suelen quedar fuera dos puntos: primero, el sector de los vehículos comerciales y las flotas de alquiler, un asunto que incluye la propuesta de limitación de coches de alquiler y que se renueva estacionalmente con frecuencia en modelos diésel más antiguos. Las temporadas turísticas elevan de forma temporal la carga sobre la calidad del aire. Segundo, el gremio de los talleres locales: muchos puestos de trabajo dependen de la reparación de vehículos antiguos. Un recambio rápido por coches nuevos, sin medidas de formación y reciclaje profesional asociadas, reduciría emisiones pero podría poner en peligro medios de vida locales.
Palancas concretas —más allá de los habituales llamamientos a subvenciones
Por supuesto, los incentivos para la compra de coches eléctricos ayudan (por ejemplo, los programas de ayudas MOVES). Pero en una isla hacen falta soluciones en varias capas: estaciones móviles de ITV y controles de emisiones que revisen regularmente la seguridad vial y las emisiones en municipios rurales; primas de intercambio dirigidas a hogares con rentas bajas; y ayudas para la instalación de filtros de partículas en vehículos diésel comerciales más antiguos. También es clave ampliar la infraestructura de recarga no solo en Palma, sino en las vías de acceso a las playas y en las zonas industriales, para que artesanos y servicios de reparto puedan operar con vehículos eléctricos.
Una propuesta: proyectos piloto con beneficio local
En lugar de primas generales, el gobierno podría iniciar programas piloto en municipios como Calvià o Alcúdia: pools de carsharing con furgonetas eléctricas pequeñas para artesanos, ofertas de leasing a corto plazo con tarifas reducidas para residentes y un programa de colaboración entre concesionarios y chatarrerías que garantice la eliminación ambientalmente correcta de los vehículos viejos. Paralelamente, se deberían financiar cursos de formación para mecánicos, de modo que los talleres puedan reparar vehículos eléctricos e híbridos —así se mantiene el valor añadido en la isla.
El papel del sector turístico
No menos importante es exigir responsabilidad a las empresas de alquiler y a los actores turísticos. Cuando los visitantes circulan por la isla con coches obsoletos, la carga ambiental aumenta de forma temporal. Una regulación con estándares mínimos obligatorios para las empresas de alquiler —por ejemplo, edad máxima de diez años o normas de emisiones concretas— sería un paso sensato; la dinámica del mercado y el encarecimiento de los coches de alquiler también condiciona la oferta y la renovación.
Perspectiva: esperanza mediante sensatez y soluciones locales
Las Baleares ya han demostrado en otros ámbitos que pueden lograr cambios: desde playas más limpias y esfuerzos en la gestión del agua hasta una gastronomía que apuesta por productos locales. La transición de la movilidad necesita ahora el mismo pragmatismo local: no condenas generalizadas, sino medidas que integren la realidad social, las dependencias económicas y la protección ambiental. Si los municipios insulares, los talleres y las empresas turísticas lanzan juntos proyectos piloto, Mallorca podría no solo dejar atrás muchos vehículos viejos, sino también generar nuevos empleos más verdes. Para entender también las implicaciones de seguridad asociadas a la conducción, resulta relevante atender reportes sobre situaciones como la de los conductores sin permiso que se han detectado en las islas.
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