
¿Dónde está mi árbol? Vecinos de Pere Garau marcan huecos en la vegetación urbana
En el barrio Pere Garau, vecinos comprometidos han elaborado cartografías y colocado árboles de cartón para llamar la atención sobre la disminución del número de árboles en las calles. La iniciativa exige planes concretos de plantación y cuidado.
Huecos en lugar de hojas: Pere Garau se moviliza
Al caminar hoy por la Calle Reyes Católicos, se nota: en muchas esquinas no falta solo un árbol, sino un trozo entero de sombra. Un grupo del barrio ha dibujado mapas, recopilado fotos y colocado árboles de cartón en los alcorques desnudos — pequeños, pero claros símbolos de advertencia.
La iniciativa se llama «Pere Garau saludable» y actúa un poco como la defensa vecinal contra el olvido: basura, aceras rotas, pintadas — eso es familiar para la gente de aquí (véase Pere Garau: 45 nuevos contenedores harán que las calles de Palma estén más limpias). En los últimos meses, han puesto el tema de la vegetación urbana en el centro (véase Cuando los árboles de Palma callan: pinos talados y la confianza perdida). Su resultado parece discreto y, sin embargo, notable: numerosos lugares que antes estaban plantados están simplemente vacíos.
Lo que han constatado los vecinos
En un mapa que han presentado, los árboles ausentes están marcados, junto con fotos de antiguas avenidas y notas sobre el estado de los árboles que quedan. Según sus datos, la cantidad de árboles en Pere Garau se ha reducido notablemente en unos 15 años — debido a obras de tráfico, remodelaciones y, a veces, a años de falta de cuidado.
“Necesitamos más sombra”, dice una vecina que por la mañana, alrededor de las 8, toma su café en el mercado y observa cómo aumentan la temperatura y el ruido. No es una cuestión puramente estética: menos vegetación urbana implica temperaturas más altas en los días de verano, menos protección contra el polvo y el ruido y menos espacio para encuentros en la calle.
La forma de protesta: árboles de cartón y conversaciones
Los árboles de cartón son símbolo y punto de partida para el diálogo al mismo tiempo. Los vecinos relatan que en muchos lugares las plántulas jóvenes desaparecieron en algún momento antes de que pudieran crecer; en otros lugares se talaron árboles alegando que representaban un peligro; a menudo no se realizaron nuevas plantaciones.
También es preocupante que algunas parcelas de los alcorques de los árboles, que estaban libres, fueran rellenadas con hormigón o cubiertas poco después — prácticamente útiles para un camión de reparto, perjudiciales para el aire del barrio.
Lo que se exige ahora
La iniciativa exige un plan claro: renovar los alcorques existentes, plantar especies mediterráneas más resistentes, un cuidado regular y la participación de los vecinos (como en Capdepera inicia un plan integral para renovar su arbolado). Además propone que, en todos los trabajos viales próximos, se fijen plantaciones sustitutas obligatorias.
En segundo plano se debaten temas similares: en Son Oliva se cayeron varios árboles grandes recientemente; en la Calle Industria desaparecieron antiguos pinos emblemáticos. La experiencia demuestra: sin presión desde abajo, muchos sitios abiertos permanecerán vacíos durante años; y casos de oposición a talas lo ilustran bien (Alarma en Palma: el vecindario se opone a las talas de árboles en la Plaza Llorenç Villalonga).
Una cita para todos los que quieran opinar
Quien desee participar: “Pere Garau saludable” invita el 18 de octubre a las 19:00 a una reunión en el Mercado. Se trata de lugares concretos, patentes de cuidado y una lista conjunta de especies de árboles que realmente prosperen aquí (ver Del cine a centro de barrio: Lo que Pere Garau realmente necesita). Pequeña nota al margen: traigan una botella de agua — la sombra es escasa y la conversación podría calentarse.
Breve panorama: Los árboles urbanos no son una cuestión de lujo. Son parte de la infraestructura, al igual que las farolas o los contenedores de basura. Sin ellos, en las calles estrechas de Palma hará más calor, más ruido y será menos agradable con el tiempo. Lo comprobamos cada mañana al ir al trabajo en bicicleta o al llevar a los niños a la escuela.
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