Panorámica del pueblo costero de Estellencs y el mar, simbolizando el debate sobre una planta desaladora.

Estellencs y el agua: por qué una planta desalinizadora debe ser solo el comienzo

Estellencs y el agua: por qué una planta desalinizadora debe ser solo el comienzo

El municipio de Estellencs quiere construir una pequeña planta desalinizadora, financiada por el gobierno de las Baleares. Una medida necesaria, pero que plantea preguntas técnicas, ecológicas y sociales. Un análisis realista con propuestas concretas.

Estellencs y el agua: por qué una planta desalinizadora debe ser solo el comienzo

La noticia es breve: Estellencs planea una pequeña planta desalinizadora, el gobierno de las Baleares financia el proyecto con algo más de 321.000 euros durante tres años, y en febrero están previstas perforaciones de prueba cerca de la cala de Estellencs para determinar un emplazamiento. Para un municipio que desde hace más de dos años sufre restricciones de agua especialmente en verano —Estellencs raciona el agua—, suena a alivio. ¿Pero es la planta realmente la solución al problema?

Pregunta central

¿Puede una pequeña planta desalinizadora asegurar el suministro permanente en Estellencs sin crear nuevos problemas?

Análisis crítico

La desalinización es técnicamente factible y ya se practica en las Baleares —Palma estudia la desalinización—. Sin embargo, el proceso consume mucha energía y genera residuos salinos (salmuera) que deben ser gestionados. Para un pueblo como Estellencs no se trata solo de la técnica, sino de costes, seguridad de suministro y riesgos ambientales. La subvención cubre la planificación y los primeros pasos, probablemente no los costes completos de inversión y operación durante décadas. El riesgo: construir una planta y más tarde enfrentarse a facturas eléctricas elevadas, costes de mantenimiento o problemas de disposición, sin que la financiación permanente esté garantizada.

A esto se suma la cuestión del emplazamiento. Las perforaciones de prueba cerca de la bahía pueden mostrar características del subsuelo importantes, pero intervenciones audaces en zonas costeras sensibles tienen consecuencias para el paisaje y el turismo. Estellencs vive de una estrecha conexión entre la naturaleza, los vecinos y los visitantes. Una planta mal ubicada puede alterar ese equilibrio: acústicamente, visualmente o por el tráfico de obras en la estrecha MA-10.

Lo que falta en el debate público

Actualmente se insiste sobre todo en el alivio rápido. Rara vez se habla abiertamente de los costes corrientes, de la demanda energética o de cómo se gestionará la salmuera y el calor residual. Tampoco hay un debate honesto sobre alternativas: aprovechamiento del agua de lluvia, reparación y modernización de conducciones, pequeños depósitos locales de agua o una conexión de abastecimiento conjunta con municipios vecinos. Apenas se trata la gestión de la demanda. ¿Cuánta agua consume una casa vacacional en pleno verano frente a un hogar permanente en el pueblo? De eso depende la dimensión de cualquier solución técnica.

Escena de la vida cotidiana

Quien baja por la MA-10 a media mañana las ve: las zonas de sombra en el pequeño puerto, los pescadores amarrando sus embarcaciones, los turistas que trepan por las rocas con chanclas. En los días de calor los vecinos se reúnen frente al ayuntamiento y hablan en voz baja del contador de agua, del momento en que vuelven las restricciones. Los niños llenan botellas, los jardineros acarrean agua, y en alguna calle lateral suena la radio con una vieja melodía de Son Mallorca. Esto no es un problema de abastecimiento abstracto, es vida cotidiana.

Propuestas concretas

1) Plan de costes y energía antes de construir: Antes de las perforaciones de prueba hay que aclarar quién operará la planta a largo plazo y cómo se suministrará la energía. Una combinación de energía solar y conexión a la red puede ayudar a reducir los costes de operación.

2) Pequeños depósitos y gestión de la demanda: Invertir en cisternas para la recogida de agua de lluvia en edificios públicos y campañas de concienciación para los hogares reduce inmediatamente la demanda en verano. Un programa de ayudas para instalar grifería eficiente en viviendas de alquiler turístico también sería eficaz.

3) Cooperación regional: Una red con municipios vecinos podría aportar ventajas de escala —Alcúdia apuesta por la desalinización—. Es necesario comparar varias pequeñas plantas con un sistema más grande y centralizado, en lugar de plantear reflexivamente solo una instalación local.

4) Protección ambiental del residuo: Son obligatorios conceptos para la dilución de la salmuera, su vertido controlado y su vigilancia. Las descargas en alta mar son técnicamente posibles, pero requieren buenos estudios para no dañar los hábitats marinos.

5) Participación transparente: Información accesible en el ayuntamiento y reuniones públicas antes de las perforaciones. Si los vecinos conocen los riesgos, costes y beneficios, se pueden evitar muchos conflictos.

Conclusión

La planta desalinizadora prevista puede aportar un alivio importante. Pero no puede ser la única medida. Sin una detallada relación coste-beneficio, sin un plan energético y sin acciones para reducir el consumo, Estellencs corre el riesgo de operar una tecnología cara que solo trata los síntomas. Sería mejor un paquete: hogares más eficientes, cisternas, coordinación regional y desalación solo donde tenga sentido ecológico y económico. Si las campanas de la iglesia deben seguir sonando sobre la bahía, el pueblo necesita ahora un plan pensado —no solo una solución técnica rápida—.

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