Contenedores de basura y reciclaje alineados en una calle de Llubí, representando la nueva ordenanza de residuos

¿Se acabó la diversión? Llubí apuesta por normas estrictas de residuos — hasta 3.500 euros de multa

¿Se acabó la diversión? Llubí apuesta por normas estrictas de residuos — hasta 3.500 euros de multa

Llubí ha aprobado una nueva ordenanza de residuos: separación obligatoria, recogida puerta a puerta con calendario, uso regulado del punto limpio — y multas elevadas de hasta 3.500 euros (hasta 15.000 en casos graves). Hora de un reality check.

¿Se acabó la diversión? Llubí apuesta por normas estrictas de residuos — hasta 3.500 euros de multa

Comprobación de la realidad: ¿Puede la disuasión resolver el problema o faltan soluciones prácticas?

Pregunta central: ¿Basta un catálogo de sanciones de hasta 3.500 euros (en casos extremos hasta 15.000 euros) para controlar la avalancha de residuos en un pueblo como Llubí, o lo que sobre todo generará será conflicto?

En el domingo de mercado ante la Plaça de l'Església se ve a menudo la escena: comerciantes doblan cajas, vecinas mayores traen sacos con papel viejo, niños pisan charcos y, al fondo, cruje el camión azul de recogida. La nueva ordenanza municipal de residuos del Ayuntamiento de Llubí quiere hacer frente a esas imágenes de forma contundente. Los puntos clave son conocidos: separación obligatoria de residuos en el hogar, recogidas puerta a puerta según un calendario, normas precisas sobre el tipo de contenedores y sobre cómo deben depositarse los residuos, así como un uso más estricto del punto limpio (solo para residentes, se requiere identificación y hay que seguir las indicaciones del personal). Las infracciones pueden considerarse graves y sancionarse con hasta 3.500 euros; en casos especialmente graves la ordenanza incluso contempla hasta 15.000 euros.

Parece duro. Y lo es. Pero las palabras duras por sí solas no solucionan nada. La ordenanza es detallada: las papeleras públicas no están pensadas para cartón ni residuos domésticos, los electrodomésticos voluminosos no se pueden dejar en la calle, nada debe quedar fuera de las zonas de recogida, Ecoembes: reciclaje de papel y cartón indica cómo plegar y depositar correctamente el cartón, y el papel y la cartulina deben plegarse y colocarse en los contenedores previstos. Incluso verter residuos sólidos o líquidos en la red de alcantarillado se enumera como una infracción grave. Todo ello parece razonable; reglas más estrictas pueden mejorar la calidad de las fracciones recogidas y aumentar la tasa de reciclaje, como recogen las recomendaciones de la guía del Ministerio para la Transición Ecológica sobre prevención y gestión de residuos. Pero quedan varias preguntas críticas abiertas.

Primero: ¿Qué nivel de información tienen los vecinos y las vecinas? Un calendario en la puerta ayuda, pero la realidad muestra que la gente entiende mejor las normas mediante demostraciones prácticas repetidas. Un folleto, una publicación puntual en redes sociales o un aviso en la correspondencia municipal rara vez bastan. En particular, las personas recién llegadas, los trabajadores temporales y los turistas necesitan indicaciones claras y fáciles de entender —idealmente con pictogramas en las zonas de recogida o vídeos cortos que muestren paso a paso cómo plegar cartón y cómo entregar residuos electrónicos—.

Segundo: ¿Cómo se va a controlar? Las multas requieren que las infracciones puedan ser sancionadas. Eso plantea preguntas sobre personal y recursos. ¿Quién controlará los fines de semana o por la noche, cuando muchos infractores actúan precisamente entonces? Un control diseñado únicamente desde la penalización sin educación asociada crea descontento. Una buena práctica sería un sistema escalonado: primero advertencia e información, y multa solo ante reincidencias; este debate encaja en el contexto más amplio de nuevas sanciones en la isla, como se analiza en Nuevas multas en Mallorca: por qué ahora también se multa a los compradores.

Tercero: ¿Hay alternativas prácticas para personas con movilidad reducida, grandes cantidades de cartón o muebles voluminosos? Quienes no tienen coche o son mayores tienen dificultades para ir al punto limpio, aunque este sea solo para residentes. Recogidas móviles de muebles concertadas, un servicio de recogida para hogares mayores o puntos de acopio con voluntarios podrían aumentar claramente la aceptación.

Lo que falta en el discurso público es la perspectiva de los usuarios: fortalecer las rutinas locales en lugar de depender exclusivamente de ordenanzas. En Llubí el ayuntamiento podría, por ejemplo, trabajar con padrinos vecinales que informen a los recién llegados sobre las normas. También una señalización clara y visible en el punto limpio —con pictogramas y explicaciones breves en español y catalán— minimizaría malentendidos. Otro punto: recopilar datos. Sin una recogida sencilla de dónde ocurren la mayoría de las infracciones (Carrer Major, alrededores del mercado, polígonos industriales...), la reacción queda difusa; la discusión sobre normativas locales recuerda otros debates municipales, como Sóller quiere ordenar las playas: reglas, controversia y lo que falta en el debate.

Propuestas concretas: 1) una fase de transición con campaña informativa y visitas domiciliarias en lugar de multas inmediatas; 2) un sistema de sanción escalonado (aviso – advertencia – multa) con fechas documentadas; 3) recogida concertada de voluminosos por teléfono/formulario online para vecinos sin transporte; 4) formaciones regulares para el personal del punto limpio, para que actúen como personas de referencia; 5) señalización y pictogramas visibles en los contenedores y explicaciones multilingües; 6) un proyecto piloto en una calle o barrio para recoger experiencias y ajustar la implantación.

Otra idea de bajo coste: buzones de sugerencias en el punto limpio o un número de teléfono sencillo para que los ciudadanos informen de problemas. Si la gente ve que sus aportaciones se toman en serio, aumenta la disposición a cooperar. Además, el ayuntamiento debería publicar cifras: ¿qué cantidad menos de residuos residuales y qué cantidad más de material reciclado se ha medido en los primeros meses? La transparencia genera confianza. En debates municipales recientes en Llubí se han abordado también otras ordenanzas locales, por ejemplo Llubí establece límites para mascotas, que muestran la complejidad de regular la convivencia.

En Llubí, en una mañana de enero a menudo todavía huele a pan fresco de las panaderías de la Carrer Major, las calles están más limpias que en algunos municipios más grandes —y precisamente por eso es comprensible que el pleno no quiera permanecer de brazos cruzados. Las normas estrictas pueden ayudar. Pero no deben ser la única respuesta. Si no, corre el riesgo de generarse un ambiente en el que los vecinos se denuncien entre sí en lugar de buscar soluciones conjuntas.

Conclusión: La ordenanza tiene la ventaja de marcar límites claros. Pero la consigna debería ser: primero entender, luego sancionar. Llubí necesita atención, personal y ofertas prácticas junto al catálogo de multas. Si no, el domingo de mercado quedará la sensación de que las reglas están puestas —pero si logran un cambio de conducta sostenible se decidirá puerta a puerta y en las relaciones entre las personas, no solo en la notificación de la multa.

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