
Mallorca apuesta por sus propios platos: la Semana del Restaurante comienza a finales de febrero
Mallorca apuesta por sus propios platos: la Semana del Restaurante comienza a finales de febrero
Del 23 de febrero al 31 de marzo, las cocinas de la isla ponen en el centro los productos regionales. Menús desde alrededor de 40 euros; las reservas ya están abiertas.
Mallorca apuesta por sus propios platos: la Semana del Restaurante comienza a finales de febrero
Del puesto de mercado a la cocina — una isla celebra sus sabores
Cuando en una fresca mañana el pescadero del Mercat de l'Olivar monta su puesto y el aire huele a mar y cítricos, uno sabe: en Mallorca se trata de la comida, no solo de sentarse. Del 23 de febrero al 31 de marzo se celebra la segunda edición de la Mallorca Restaurant Week. Cocinas en Palma y en la isla abren sus menús a comensales que desean redescubrir productos locales y recetas mallorquinas.
No se trata solo de eventos de lujo. La organizadora Ana Paula Ruiz Alfaro lo resume así: trabajar con productos de aquí no es una moda pasajera, sino un movimiento que une a agricultores, pescadores, productores y restaurantes. Se nota en el paladar, pero también en la cuenta: las cadenas de suministro justas benefician a la economía insular, y no hay que olvidar los debates sobre los precios de los alimentos en Mallorca. Diversos informes muestran que los restaurantes de Mallorca se quejan de la austeridad de los clientes.
Muchos establecimientos ofrecen menús creados especialmente. Los menús especiales comienzan en torno a los 40 euros; además, se han publicado datos sobre el menú del día más caro de España. Algunos ejemplos de la oferta: el restaurante Urbà en Palma ha anunciado un menú por unos 65 euros, Bar Nosso ronda los 45 euros, y La Vieja de Jonay Hernández cuesta alrededor de 50 euros. Quienes planeen coronar un fin de semana en Palma con una cena deberían reservar pronto: las plazas se llenan rápidamente.
¿Qué aporta esto a la isla? En pocas palabras: visibilidad para los productores y trabajo para las cocinas, que en invierno reciben menos clientes, como muestran informes sobre la crisis de restaurantes en Mallorca. En el mercado semanal de la Plaça Major es habitual ver estos días a cocineros probando verduras, quesos y hierbas. Encuentros así no son un truco de relaciones públicas, sino el comienzo de nuevos platos en pequeñas barras junto a la cala o en restaurantes finos del barrio de La Lonja.
Para los visitantes esto significa una oportunidad de conocer la tierra y su gente a través del plato. Un ragú con sobrasada, raviolis caseros, un pescado a la parrilla cuyo origen se reconoce en el sabor: no son conceptos abstractos, sino experiencias concretas. Y funcionan tanto si eres un gourmet como si simplemente te gusta comer bien.
Consejos prácticos para la visita: reserva preferiblemente directamente en el restaurante por teléfono o a través de la web del establecimiento. Si viajas con presupuesto ajustado, opta por un menú de mediodía o comparte platos con amigos; muchas veces se mantiene la calidad, y conviene tener en cuenta estudios sobre cómo los supermercados están alterando el menú del día. De camino a casa vale la pena desviarse al puerto de Portixol: allí se oyen las olas, se ven las luces de los barcos y se entiende por qué tantos cocineros hablan maravillas de la isla.
Una pequeña mirada cotidiana desde Palma: al atardecer suenan cazuelas en las cocinas de la Carrer de la Boteria, los repartidores aparcan cerca del Passeig del Born y en la barra se improvisa rápidamente una variante de tapas con ingredientes locales. Así surge esta semana: no como un montaje brillante, sino desde rutinas diarias que se hacen visibles para los visitantes.
La Semana del Restaurante es por tanto más que una fecha en el calendario. Es un paso práctico para alargar la temporada, una ocasión para experimentar y una invitación para que residentes y visitantes valoren los productos regionales. Para la isla esto significa a largo plazo más ingresos a lo largo de la cadena de producción —del agricultor hasta el camarero.
Quienes quieran participar: aseguren su plaza, traigan apetito y una actitud abierta para probar. Y si el menú incluye sobrasada, no tengan reparo. Un toque sobre unos raviolis caseros puede resultar sorprendentemente ligero. Buen provecho y mucha curiosidad: Mallorca invita a probar.
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