Comité de empresa de la compañía ferroviaria en Mallorca reunido para debatir seguridad y posibles medidas de huelga

Mallorca: el comité de empresa debate la huelga — ¿seguridad frente al plan de frecuencias?

Mallorca: el comité de empresa debate la huelga — ¿seguridad frente al plan de frecuencias?

El comité de empresa de la compañía ferroviaria SFM convoca una asamblea general: tras graves accidentes ferroviarios en España, se plantean demandas de mejor mantenimiento y condiciones de trabajo más seguras. ¿Qué falta en el debate, cuánto se ven afectados los viajeros y el turismo — y qué soluciones existen localmente?

Mallorca: el comité de empresa debate la huelga — ¿seguridad frente al plan de frecuencias?

Por qué una asamblea general en Palma es más que un conflicto laboral

El lunes se reúne el comité de empresa de la compañía ferroviaria mallorquina SFM en una asamblea general. El motivo son los recientes y muy comentados accidentes ferroviarios en la península y la consiguiente discusión sobre seguridad, mantenimiento y las condiciones laborales de los maquinistas. Al mismo tiempo, sindicatos ferroviarios en el continente anuncian huelgas del 9 al 11 de febrero; está por ver si los maquinistas de Mallorca se suman.

Pregunta central: ¿Puede una posible huelga mejorar la seguridad, o por el contrario sumirá a la isla en un caos innecesario que afecte a los viajeros, a los escolares y al turismo? Esa pregunta no se responde en una frase. Hay más en juego: confianza, transparencia y estándares técnicos que en una isla enfrentan retos particulares.

Quien esté por la mañana en la estación Palma Estació conoce la escena: máquinas de café en funcionamiento, los altavoces anuncian las próximas salidas y turistas con maletas ruedan junto a habituales que van al trabajo. Una huelga supone para muchos andenes vacíos, autobuses llenos, trayectos más largos por la ciudad —y tema de conversación en la panadería de la esquina, donde se especula sobre servicios alternativos e indemnizaciones, como sucede en casos de Huelga de autobuses en Mallorca.

Análisis crítico: las demandas del comité —mejor mantenimiento, estándares de seguridad más claros y condiciones laborales seguras— son concretas. En una isla como Mallorca, las vías, puentes y desvíos sufren más la influencia del viento salino, los cambios de temperatura y el tráfico estacional que en la península. Si en el debate público solo se habla de huelga o de trabajo a reglamento, falta atender a las causas: ¿se respetan los intervalos de mantenimiento? ¿hay material de repuesto y personal suficientes? Para el debate sobre dotación de personal es pertinente consultar propuestas sobre Más personal para los trenes de Mallorca.

Lo que falta en el discurso público son cifras concretas, calendarios y responsabilidades claras. La opinión pública escucha demandas y contra-demandas, pero hay escasez de datos transparentes sobre el estado de los desvíos, la señalización o las flotas de trenes. Tampoco se discute con detalle el papel de las administraciones superiores —consell insular, gobierno de las Baleares, ministerio—: ¿quién paga, quién planifica la modernización y cuánto tardan realmente esos proyectos?

Añádase un tema a menudo olvidado: la planificación de personal. En Mallorca algunos servicios están saturados en temporada y otros casi vacíos en invierno. Si falta personal, la presión sobre maquinistas y equipos de mantenimiento aumenta. Ni pasajeros ni organismos de supervisión desean eso. Y la pregunta sigue: ¿bastan las auditorías internas o hacen falta controles de seguridad externos periódicos con publicación de resultados?

Propuestas concretas que podrían ponerse en marcha de inmediato: primero, un registro de mantenimiento público para la red de SFM con informes anuales sobre las labores realizadas en vehículos e infraestructuras. Segundo, incorporar peritos independientes para los sistemas de seguridad, con un calendario claro de actualizaciones. Tercero, un acuerdo de transición ante posibles jornadas de huelga: servicios de autobuses sustitutivos, derechos de los pasajeros e información en varios idiomas en estaciones y en línea para mitigar perjuicios. Cuarto, más personal en horas punta mediante contratos temporales vinculados a un programa de formación para el personal de mantenimiento.

Medidas prácticas cotidianas: en las estaciones se podrían instalar cartelería electrónica más grande y equipos de información adicionales para orientar a la gente; en puntos críticos como el túnel de Son Sardina deberían estar disponibles equipos de mantenimiento móviles para reparar pequeñas averías con rapidez. Harán falta fondos, pero deben emplearse de forma dirigida y transparente, no solo como promesas oportunistas para salir en los titulares. También conviene recordar que algunos acuerdos aportan alivio temporal sin solucionar problemas estructurales, como muestra un reciente Acuerdo en el transporte sanitario.

Desde la perspectiva de los viajeros y de los pequeños comerciantes es esencial: las decisiones no pueden quedar solo en la mesa de negociación entre dos partes. Los empleados deben estar representados en comités de seguridad y deben fijarse plazos vinculantes para la aplicación de las medidas. Solo así se genera confianza —y al final eso es lo que hace que los trenes lleguen a tiempo y la gente llegue segura a su destino—, más allá de ajustes en criterios de puntualidad como el reciente debate sobre que SFM eleva el límite de retraso a ocho minutos.

Conclusión contundente: una huelga sería una señal clara, no un fin en sí misma. Demuestra que los trabajadores no quieren esperar a que ocurra algo peor. Al mismo tiempo, el debate no debe ser en blanco y negro: la isla necesita medidas a corto plazo para afrontar posibles paros, pero también un plan a largo plazo para la modernización técnica y controles transparentes. Si no, al final solo quedará ruido en el andén y nadie sabrá quién asume la responsabilidad.

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