Cámara y sensor cuentan coches en una entrada a la playa de Mallorca, junto a señalización y vegetación.

Ojos digitales en las playas de Mallorca: aparcamientos controlados por sensores y cámaras

Sa Barralina, Na Tirapel y los aparcamientos del Parque Natural de Mondragó ahora se vigilan con sensores y cámaras. ¿Qué significa esto para los residentes y los turistas?

Cuando el aparcamiento sabe cuán lleno está

Desde hace unas semanas, en las entradas a Sa Barralina en Ses Covetes hay un nuevo punto llamativo: no es una valla publicitaria, sino una cámara y una cajita con sensores. A media mañana, cuando el calor aún es soportable y las primeras familias se dirigen a la playa, los dispositivos aportan cifras: cuántos vehículos hay, si quedan plazas libres, qué tan concurrido está el camino hacia la playa. Así lo recogen Cámaras en Es Trenc: ¿ayuda contra el caos del aparcamiento o mecanismo de desplazamiento?.

¿Cómo funciona todo?

En pocas palabras: pequeños sensores cuentan coches, cámaras sencillas registran datos de ocupación en tiempo real y envían la información a un punto central. Allí se visualizan los datos y, más adelante, deberían mostrarse en paneles informativos en las entradas o en una app. La idea suena práctica. Estuve en el aparcamiento, con la brisa marina en la cara, y pensé: por fin se sabe si vale la pena el trayecto o no. La propuesta de una app con predicciones y cobertura de muchas calas se aborda en ¿Quién nos cuenta en la playa? Cuando los sensores deciden cómo se distribuye Mallorca.

¿Dónde más? Sistemas similares se instalaron también en Na Tirapel, detrás de las dunas de Es Trenc. Y en el sureste, en el Parque Natural de Mondragó, los sensores en S'Amarador y Ses Fonts de n'Alís llevan ya un tiempo registrando la ocupación. Pequeños equipos técnicos tiraron cables allí y a veces trabajaron hasta la tarde: un poco de ruido, pero sin ser una obra que moleste. Una visión general de estos proyectos aparece en Ojos digitales en las playas de Mallorca: aparcamientos controlados por sensores y cámaras.

¿Protección de la naturaleza o vigilancia?

Esa es la pregunta que preocupa a muchos aquí. Las autoridades dicen que sirve para proteger zonas sensibles: menos coches, menos aglomeraciones, menos daños en dunas y senderos. Otros ponen los ojos en blanco: la videovigilancia suena a una observación constante. Hablé con una señora mayor en el mercado: dijo que sólo quiere poder pasear tranquila hasta el chiringuito sin ser filmada.

Técnicamente se puede anonimizar mucha información. Pero la confianza no surge sólo con un cartel en la entrada. La transparencia, reglas claras y ventajas visibles para el entorno ayudan. Por ejemplo, si se reducen los atascos en puntos estrechos y los vehículos de emergencia encuentran vías libres.

¿Qué aporta esto a los visitantes?

Para los turistas significa menos adivinanzas. Se ahorra tiempo, combustible y nervios. Para los locales puede traducirse en accesos más ordenados y menos búsqueda de aparcamiento a la hora del mediodía. Si eso ocurre realmente, solo se sabrá tras una temporada.

Y sí, hay otro punto: en las Baleares se espera un gran número de visitantes este año. La tecnología pretende ayudar a absorber los picos. ¿Lo logrará? En las próximas semanas me detendré más a menudo, miraré los indicadores y recogeré la opinión de los vecinos. Por cierto: quien llegue a eso de las 8 de la mañana suele tener aún muchas opciones libres — pequeño consejo. En el ámbito urbano, cambios en la gestión del estacionamiento como Palma digitaliza el estacionamiento para residentes – se eliminan las pegatinas ORA muestran otras formas de aplicar la tecnología al aparcamiento.

Mirada local, preguntas sinceras: la tecnología no es una panacea, pero puede ayudar si la usamos con criterio.

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