Gráfico que muestra la brecha entre salarios y coste de vida en Mallorca.

Salarios en Mallorca: ¿Quién llega a fin de mes con su sueldo?

Salarios en Mallorca: ¿Quién llega a fin de mes con su sueldo?

Un nuevo análisis muestra: muchos trabajadores en las Baleares ganan claramente menos de lo que necesitan para sobrevivir. Pregunta guía: ¿Por qué existe la brecha entre los salarios y el coste de la vida en Mallorca?

Salarios en Mallorca: ¿Quién llega a fin de mes con su sueldo?

Pregunta guía: ¿Por qué existe la brecha entre los ingresos y los costes diarios en la isla?

Temprano por la mañana en la Plaça Major: furgonetas pitan, los vendedores del mercado llenan cajas, la ciudad limpia el rocío del empedrado. Entre todo ello, camareras de un bar en el Paseo Marítimo me cuentan que al final del mes apenas les queda dinero. No es un caso aislado, sino el escenario cotidiano detrás de los números de un estudio sobre la brecha salarial en Palma.

El estudio ofrece una cifra clara: para vivir razonablemente bien en Mallorca serían necesarios unos 30.330 euros netos al año. Eso equivale —si se toman 12 pagas mensuales— a aproximadamente 2.530 euros netos al mes. Frente a ello está el salario medio real: alrededor de 23.130 euros anuales, según datos del Instituto Nacional de Estadística. La brecha es aún más visible en la parte baja: más de un tercio de los trabajadores en 2023 ganaron menos de 15.120 euros al año.

Los números llaman la atención. Indican que muchos puestos de trabajo aquí implican trabajar pero no poder vivir con holgura; cuando un trabajo no basta es una descripción habitual. Se percibe en pequeños detalles: el joven obrero de la construcción que, al acabar la jornada, viaja en autobús con un termo en el regazo; la limpiadora que atiende tres hogares; la camarera que está entre turistas pero vive en una vivienda ajustada fuera de la ciudad. Mallorca brilla para los visitantes; para quienes trabajan aquí el panorama suele ser más duro.

Análisis crítico: ¿de dónde viene el problema? En primer lugar, el mercado laboral está marcado por la estacionalidad, los empleos de pocas horas y los contratos temporales. El turismo genera muchos puestos, pero no siempre estables o bien remunerados. Sectores como la hostelería, el comercio minorista y los servicios suelen pagar en la franja baja. Por otra parte, los costes de la vivienda, el transporte y la atención infantil en la isla no son moderados. Como muestra el análisis sobre la inflación y los costes en Mallorca, aunque algunos índices bajen, los efectos en el día a día no siempre llegan de forma homogénea. Cuando los salarios se quedan por detrás del coste de la vida surge un problema estructural que se acumula durante años.

Otro factor es la distribución de los salarios: las medias ocultan lo amplia que es la dispersión. Unos pocos puestos bien remunerados en la dirección elevan la media, mientras que un gran número de empleos precarios la arrastra hacia abajo. Que más de un tercio perciba menos de 15.120 euros anuales significa que muchas personas trabajan sin obtener ingresos suficientes.

Lo que suele faltar en el debate público son perspectivas concretas y cotidianas. Se discute sobre puntos porcentuales e instrumentos fiscales, pero rara vez sobre cómo, por ejemplo, un abono de autobús para familias o una guardería asequible en Port d'Alcúdia cambiarían la vida diaria. Tampoco se analiza lo suficiente cuántas empresas locales pagan 14 en lugar de 12 pagas: una práctica que modifica visiblemente los presupuestos netos de las trabajadoras y los trabajadores.

Escena cotidiana: sobre las 18:00 frente a una panadería en la Avinguda de Jaume III hay cola de personas, la mayoría con botas de trabajo o delantales. De fondo, scooters; las voces son altas, pero no de celebración. Estas escenas muestran que muchos necesitan cada hora y cada euro. No son estadísticas abstractas, sino personas con citas, hijos y facturas.

Propuestas concretas que serían útiles en el debate:

- Transparencia en los ingresos: Los ayuntamientos podrían publicar bandas salariales anonimizadas por sector, para que los trabajadores tengan expectativas realistas y estén mejor preparados para negociar.

- Fortalecer los convenios regionales: Más acuerdos por sectores generarían presión al alza, especialmente en hostelería y construcción.

- Alivios dirigidos: Bonificaciones en el transporte público, subvenciones para plazas de guardería y una mayor promoción de vivienda para trabajadores con bajos ingresos tendrían efectos directos y rápidos.

- Reformar los contratos de temporada: Es necesario vincular las plazas estacionales a perspectivas a largo plazo, reciclaje profesional y formación continua obligatoria.

- Uso de tasas turísticas: Los ingresos por impuestos locales o ecológicos del turismo podrían destinarse específicamente a medidas sociales y a vivienda asequible.

Otra propuesta pragmática: más apoyo a cooperativas y pequeñas empresas locales que paguen salarios justos, por ejemplo mediante alivios fiscales o criterios de adjudicación en contratos públicos. También los centros de trabajo cercanos a las ciudades, que reducen los tiempos de desplazamiento, generarían ahorros reales para las personas trabajadoras.

Por supuesto, estas medidas no se pueden implantar de la noche a la mañana. Hacen falta decisiones políticas, dotación presupuestaria y controles. Pero sin pasos concretos la brecha entre lo que la gente necesita y lo que gana seguirá abierta, con consecuencias palpables para la sociedad y la economía.

Conclusión clara: Mallorca vive del turismo —y de las personas que trabajan para él. Si una parte significativa de la plantilla está muy por debajo de lo necesario para vivir, el modelo insular tiene una grieta. Quien quiera vivir y trabajar aquí no debería limitarse a sobrevivir como trabajador estacional. Política, empresas y ayuntamientos deben empezar a pensar costes cotidianos y salarios de forma conjunta. Si no, la isla seguirá siendo cara para muchos en el día a día y precaria en lo salarial.

En el próximo paseo por el puerto, cuando un pescador prepare su captura y la camarera junto a él suba las sillas, se escucha más que el oleaje: los cálculos silenciosos a fin de mes. Eso debería sonar más alto en nuestras conversaciones —y en las medidas que se tomen.

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