Cascos de embarcaciones de migrantes almacenados en el antiguo recinto militar de Son Tous (Palma).

115 barcos de migrantes: qué pasa con los restos en Son Tous

115 barcos de migrantes: qué pasa con los restos en Son Tous

En las Baleares se eliminaron 115 embarcaciones de migrantes en 2025 según datos oficiales; llegaron casi 400 en total. Muchos cascos aún están almacenados en el antiguo recinto militar Son Tous, cerca de Palma. Un reality-check: ¿quién paga, quién decide y por qué permanecen los barcos meses allí?

115 barcos de migrantes eliminados en las Baleares – una verificación de la situación desde Son Tous

Pregunta central: ¿Quién asume los costes y por qué se amontonan los cascos cerca de Palma?

La delegación del Gobierno español contabiliza: 115 botes fueron destruidos el año pasado en las Baleares; en total llegaron casi 400 embarcaciones hinchables y de madera a las islas, como explica ¿Quién paga la factura de la playa? 365 embarcaciones, 365.000 euros y un problema sin resolver.

En el antiguo recinto militar de Son Tous, cerca de Palma, aún yacen decenas de restos, alineados sobre la grava. Pasan camiones, sobrevuelan gaviotas y, a veces, se oye el mar a lo lejos: un lugar extraño para tanta necesidad humana.

La eliminación no se paga de forma automática: al parecer, solo cuando los ayuntamientos o las autoridades portuarias denuncian un barco alguien asume los costes. Eso explica por qué muchos cascos permanecen sin registrar durante semanas o meses y se acumulan en espacios como Son Tous. Al mismo tiempo sigue vigente el contrato con la empresa de gestión Adalmo, con un presupuesto superior a medio millón de euros, previsiblemente hasta 2027. Las frías cifras plantean preguntas, y la presión que describe Más barcos, más preguntas: Mallorca bajo presión por el aumento de llegadas de embarcaciones.

Análisis:

En primer lugar: la brecha entre los desembarcos (casi 400) y las eliminaciones registradas (115) es amplia. Eso no significa automáticamente que el resto de embarcaciones sigan intactas a la deriva: muchas podrían ya haber sido destruidas, devueltas al agua o almacenadas en otros lugares, como documenta La costa sur desbordada: barcos con migrantes se acumulan en las playas de Mallorca. Pero la discrepancia revela un problema de registro y responsabilidad. En segundo lugar: si solo se pagan los barcos denunciados, existe un incentivo para retrasar las notificaciones, por temor a los costes o por falta de capacidad. En tercer lugar: espacios de almacenaje como Son Tous son prácticos, pero subóptimos: no están pensados para almacenamiento a largo plazo ni para investigaciones forenses y suelen estar en las periferias urbanas.

En el discurso público falta menos indignación moral que procedimientos claros: ¿quién inspecciona el estado de las embarcaciones? ¿Cuánto tiempo pueden permanecer en terrenos de libre acceso? ¿Quién paga si ni el ayuntamiento ni la autoridad portuaria lo notifican? Y: ¿existen normas para la eliminación ambientalmente adecuada de restos de combustible, plástico y piezas metálicas? Ejemplos de intensidad de llegadas aparecen en Nuevo embate de refugiados en embarcaciones: 122 personas rescatadas en un día frente a las Baleares.

Una escena cotidiana ayuda a entenderlo: en una fría mañana de enero junto a la valla de Son Tous se ven hombres con chalecos reflectantes comparando listas de inventario. Un perro tira de la correa, arranca un camión con lona. Las embarcaciones parecen silenciosas, pero son huellas de personas en fuga y, a la vez, un reto logístico para la isla, que debe equilibrar turismo, recursos limitados y competencias legales.

Propuestas concretas:

1) Registro central: una base de datos regional de embarcaciones arribadas, accesible para ayuntamientos, autoridades portuarias y gestores, evitaría duplicidades y aumentaría la transparencia. 2) Reglas claras de financiación: el gobierno balear podría crear un fondo que cubra la primera eliminación y luego reparta los costes entre municipio, puerto y administración central. 3) Procedimientos estandarizados: controles medioambientales, descontaminación de combustibles y un plazo fijo de almacenaje en superficies certificadas —no en recintos militares improvisados. 4) Procesamiento más rápido: equipos móviles que registren, fotografíen y marquen in situ en los puntos de llegada evitarían acumulaciones. 5) Transparencia y control: informes semestrales sobre número, costes y destino de las embarcaciones generarían confianza.

Estas medidas requieren dinero y organización, pero reducirían a largo plazo los costes, los riesgos medioambientales y la molestia de restos abandonados. También mejorarían la imagen de la isla: si un turista pasea por el Passeig Marítim y oye las noticias, no debería pensar que la administración actúa sin plan; dado el ritmo de llegadas —por ejemplo, En 24 horas: 337 personas llegan a las Baleares – Cabrera, Formentera e Ibiza frecuentemente afectadas— estas medidas resultan aún más necesarias.

Conclusión contundente: Son Tous es hoy una estación intermedia de destinos y chatarra a la vez. Las cifras —115 embarcaciones eliminadas, casi 400 llegadas— son solo la punta de un iceberg administrativo. Quién asume la responsabilidad, quién paga y con qué rapidez se actúa determinará si Mallorca sigue lidiando con el problema o lo resuelve de forma ordenada. Un poco más de burocracia con reglas claras sería aquí útil —y más humano que el caos que se ve junto a una valla ventosa en Son Tous.

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