Bendiciones de animales en Mallorca: Sant Antoni reúne a personas y animales

Bendiciones de animales en Mallorca: Sant Antoni reúne a personas y animales

Bendiciones de animales en Mallorca: Sant Antoni reúne a personas y animales

Hoy, en la fiesta de San Antonio, los habitantes de la isla y sus animales se reúnen para la tradicional bendición —desde Palma hasta Muro. Un domingo entre campanas, jadeos de perros y comunidad local.

Bendiciones de animales en Mallorca: Sant Antoni reúne a personas y animales

Cuando la isla bendice a sus animales de cuatro y dos patas

La mañana del domingo la sociedad de la isla se reúne en lugares que habitualmente dominan las guías turísticas y los puestos del mercado: la Plaça de la Seu en Palma, donde la catedral de Mallorca mira la escena como un vigilante silencioso, es punto de encuentro a las 10:00 para dueños con correas, transportines y, a veces, con una dosis de tranquilidad que tan a menudo se encuentra en Mallorca. El repique de campanas se mezcla con el ladrido ocasional de un perro, el aire está fresco y un aroma a café y brioche llega desde las cafeterías cercanas —es algo familiar, casi como un paseo dominical con un matiz religioso.

Las Beneïdes, las bendiciones de animales en honor a San Antonio Abad, no son una curiosidad de museo, son vecindad vivida. En Palma los animales son bendecidos por la mañana frente a la catedral por el párroco con agua bendita; no es algo dramático, más bien: un ritual breve, un apretón de manos entre la iglesia y la calle. En los pueblos pequeños el ambiente es distinto: en la Plaza de l’Orient en Capdepera (15:00) se encuentran personas del entorno, en Son Servera la bendición es a las 16:00, y en Muro los actos comienzan a partir de las 15:30 —allí la celebración es tan tradicional que se describe como patrimonio cultural y cada año atrae a muchos participantes.

Lo que veo una y otra vez: familias que presentan a sus mascotas, niños que sostienen con respeto a un conejo y mujeres mayores que, con una mezcla de orgullo y rutina, acuden a bendecir a su perro. Son las pequeñas escenas las que llenan el día: una mujer peina por última vez el pelaje de su podenco, dos hombres pasean un caballo ensillado, y un joven explica a su hermano pequeño con ojos brillantes por qué no se debe sacudir la cola de un perro como si fuera un juguete. La combinación de costumbres con un carácter solemne transmitido y el ligero desorden de gente y animales hace que las Beneïdes sean un momento cálido en la isla.

¿Por qué es bueno para Mallorca? Porque días como este crean comunidad. Se intercambian novedades, los vecinos se encuentran, voluntarios ayudan a organizarlo, entidades como SOS Animal en Calvià y los comercios locales aparecen al fondo: el panadero de la esquina, la tienda de artesanía con arreos para caballos, la barra del bar que luego invita a la charla. Es una forma de cohesión que se hace visible fuera de temporada y fortalece la cultura insular, sin alzar la voz.

Consejos prácticos para quienes quieran asistir: en Palma, por favor, sean puntuales; la Plaça de la Seu se llena pronto. Para Capdepera, Son Servera y Muro valen los horarios indicados; en Muro conviene planear un poco más de tiempo porque allí hay mucha afluencia. Observen la obligación de ir con correa en la ciudad, lleven agua para su animal y faciliten zonas de descanso para animales mayores o nerviosos. Especial cuidado con caballos y animales grandes: mantengan la distancia y sigan las indicaciones de los acompañantes. Las pequeñas consideraciones hacen el día más agradable para todos. Quienes planifiquen el desplazamiento pueden consultar la guía para viajar con perro o gato a Mallorca.

Si participa: tómese tiempo para conversar, pregunte por las historias locales de la tradición y, quizá, pruebe un pequeño tentempié en la barra del pueblo —a menudo los mejores encuentros surgen junto a una taza de café con leche. Quien quiera puede hacer fotos, pero siempre con consentimiento. Y algo práctico: no olvide bolsas para los excrementos del perro —es cortesía cotidiana, aquí como en cualquier otro lugar.

Las Beneïdes son más que un ritual religioso. Son un domingo en el que la comunidad insular se hace visible. Muestran cómo las tradiciones se entrelazan con la vida cotidiana: entre muros de catedrales y fuentes de pueblo, entre cascos y risas de niños. Una sugerencia para el día: quien disfrute de la tranquilidad de la mañana, que empiece en Palma; quien prefiera el ambiente de pueblo y grandes procesiones, que vaya a Muro y se quede a charlar en el bar junto a la plaza de la iglesia.

Perspectiva: quizá este año invite a alguien que aún no conozca la tradición —un vecino, un niño o un amigo nuevo. Sant Antoni es una invitación a mirar la isla tal como es: amable, acostumbrada a la rutina, a veces un poco ruidosa, pero siempre abierta a animales y personas. Y cuando al final del día las campanas se callan, queda la sensación de pertenecer a una comunidad que cuida de sus animales —con agua bendita, una sonrisa y un toque de la serenidad mallorquina.

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