Cardiólogo nadando desde Menorca hacia Cala Mesquida durante su travesía para concienciar sobre el cáncer

Con cada brazada un mensaje: cardiólogo nada de Menorca a Cala Mesquida

Un cardiólogo de 52 años de Manacor cruzó en 13,5 horas la distancia Menorca–Mallorca para sensibilizar sobre la prevención del cáncer y la autoayuda local. Recepción en Cala Mesquida con vecinos, gaita y mucha emoción.

De la niebla matinal a la luz del atardecer: 13,5 horas en mar abierto

Cuando el sol sobre Menorca aún estaba pálido en el horizonte y las gaviotas trazaban sus círculos, un hombre de Manacor se metió en el agua y comenzó a nadar. No era un profesional del deporte acuático, sino un cardiólogo de 52 años que había superado su propia enfermedad oncológica. Su objetivo no era la fama, sino un gesto claro: visibilizar la prevención, el valor y el apoyo a quienes lo necesitan.

Olas, sal y ritmos de respiración — un viaje personal

La travesía fue dura, cambiante y profundamente humana. Recorrió alrededor de 35 kilómetros, acompañado por una pequeña embarcación de apoyo, un equipo de rescate, algunos amigos y la siempre presente rompiente. Durante horas solo existió el ritmo de los brazos contra el agua, el crujir de la hélice a lo lejos y el monótono murmullo del mar —sonidos tan familiares en Mallorca como el traqueteo de los pescadores en el puerto.

El viento aumentó, la sal picó en los ojos y a ratos uno se preguntaba: ¿por qué hacerlo? La respuesta vino en frases sencillas: no para batir récords, sino para demostrar que la enfermedad no es el final. “Tras un diagnóstico así, cambian las prioridades”, dijo antes de partir. Esa calma y determinación se percibieron en cada brazada.

No fue un gran escenario, pero sí muchos testigos

Al atardecer llegó a Cala Mesquida. No hubo recepción pomposa, sino vecinos en la playa, algunos niños aplaudiendo, el grave y solemne sonido de una gaita y el olor a pescado frito y sal marina en el aire. Una fiesta más simple difícilmente existe —y quizá eso fue lo apropiado: reunión humana auténtica en lugar de foco mediático.

El equipo de apoyo llevaba botellas de agua en redes, tentempiés y hasta galletas caseras. Práctico, austero, mallorquín. Un vecino lo resumió con humor: “Nada mejor que algunos conductores”. Risas, respeto y un poco de orgullo se mezclaron en un ambiente que se sintió en el paseo marítimo mucho después.

Por qué este gesto importa en Mallorca

La acción va más allá de la valentía de un individuo. Es un impulso para lugares como nuestra isla: genera conversaciones en salas de espera, cafeterías y playas. En los días siguientes los médicos lo comentarán, los grupos de autoayuda hablarán del hecho, y quizás la imagen de un cardiólogo sudoroso en bañador recuerde a alguien que no debe posponer su chequeo. Paro cardíaco en Caimari: ¿Están los pueblos de Mallorca preparados para emergencias médicas entre turistas?

En el lugar se recogieron donativos para un grupo local de autoayuda —no una gala, sino una contribución práctica e inmediata: efectivo en la caja del barco, algunas transferencias de los acompañantes, un poco de solidaridad que llega directamente.

Un objetivo personal con impacto público

Para el hombre de Manacor la meta se cumple si una persona, al ver una foto o leer una pequeña historia en la sala de espera, piensa: “Mejor voy al médico.” Gestos así no necesitan cámaras de televisión, necesitan testigos, conversaciones y quizá un helado después en el puerto. En Mallorca, donde todo el mundo se conoce, esas imágenes pesan.

Datos en breve: Edad: 52 años. Duración: 13 horas 30 minutos. Distancia: alrededor de 35 kilómetros. Inicio: Menorca (temprano por la mañana). Llegada: Cala Mesquida, Mallorca (recepción al atardecer con gaiteros). Acompañamiento: pequeño equipo de rescate, amigos. Propósito: concienciación, dar ánimo y recogida de fondos para autoayuda local.

La acción en el mar también resuena en otras iniciativas de la isla, como Mallorca envía bomberos y sanitarios al continente, lo que demuestra la solidaridad de la comunidad en tiempos difíciles.

El mar guarda muchas historias; esta fue una de coraje, comunidad y del suave empeño por hacer más visible la prevención y el apoyo en Mallorca.

Si ahora piensas que algo así es solo para atletas excepcionales: tal vez sucede todo lo contrario. Hacen falta personas que, con acciones pequeñas y reales, muestren que hay vida después del diagnóstico —y que nos recordemos unos a otros la importancia de cuidar la salud.

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