Edificio histórico cerca del Mercat de l’Olivar destinado a reconvertirse en café-teatro con escenario y gastronomía

Del bingo al escenario: la histórica sala de Palma podría renacer como café-teatro

Del bingo al escenario: la histórica sala de Palma podría renacer como café-teatro

Un edificio histórico junto al Mercat de l’Olivar tiene nuevo propietario. De la silenciosa sala de bingo podría surgir un café-teatro con escenario, música y gastronomía: un impulso para la vida cultural de Palma.

Del bingo al escenario: la histórica sala de Palma podría renacer como café-teatro

Por qué el inmueble vacío en la esquina del Olivar se ha convertido de repente en foco de interés para artistas y promotores

En Palma se vuelve a hablar de la gran sala frente al Mercat de l’Olivar. El edificio, que durante mucho tiempo fue conocido como sala de bingo, cambió de propietario a finales del año pasado. El precio de compra fue de alrededor de 2,4 millones de euros; la adquisición se formalizó el 1 de diciembre. Desde entonces ha cambiado el ambiente en el barrio: en lugar de la habitual calma vespertina ahora se oyen con más frecuencia llamadas telefónicas de personas interesadas que quieren saber cómo pueden formar parte de un nuevo proyecto cultural.

El nuevo propietario, un empresario de Santa Margalida, quiere devolver al inmueble su pasado cultural. En épocas anteriores el edificio ya sirvió como teatro y cine; en otras ocasiones incluso se ofrecieron funciones de circo. Eso hace que los planes sean plausibles: en lugar de las bolas del bingo habrá en adelante un escenario, combinado con oferta gastronómica —es decir, un café-teatro con formatos en vivo, música y espectáculo.

El edificio reúne buenas condiciones. Visitantes y posibles gestores destacaron durante las visitas el sorprendentemente cuidado estado de los interiores. Hace algunos años se realizaron inversiones considerables para adaptar el inmueble a un uso como casino; sin embargo, el proyecto no llegó a abrir. Precisamente esa estructura ofrece ahora esperanzas: un gran vestíbulo, salas con estructura sólida, espacio para técnica y para la restauración.

Que la iniciativa no deba recaer únicamente sobre los hombros del propietario lo demuestra la demanda. Varias empresas mallorquinas y catalanas han mostrado interés; ya hay sobre la mesa conceptos de explotación. También actores de la escena regional de eventos siguen el proyecto con atención y perciben una carencia en la oferta de Palma: faltan espacios para formatos medianos y pequeños, lugares donde música, variedades y teatro puedan integrarse más estrechamente con la restauración.

Actualmente se están tramitando los pasos formales. En el Ayuntamiento de Palma son necesarios cambios en la licencia de actividad para que sea posible un uso cultural con gastronomía. Este tipo de procedimientos requieren tiempo; se trata de seguridad, normas de ruido y accesibilidad tanto para vecinos como para el público. El nuevo propietario subraya que le importa mantener el inmueble en manos locales y, al mismo tiempo, desarrollar una programación para público internacional sin perder la identidad mallorquina.

Para el vecindario de la Plaça d’Espanya y de los alrededores del Mercat de l’Olivar eso supondría una reactivación palpable. Quien pasee temprano una mañana de enero entre los puestos del mercado conoce el bullicio de los vendedores, el aroma del pescado frito o del pan recién horneado. Un café-teatro cercano podría complementar esa mezcla: funciones por la noche, una copa antes del espectáculo y luego conversaciones en la calle. Para noctámbulos y aficionados a la cultura sería un punto de referencia adicional fuera de los habituales centros turísticos.

Los conocedores del sector acogen el proyecto con aprobación, siempre que esté bien pensado. Organizadores de renombre han dejado claro que no desean invertir directamente, pero consideran la iniciativa un enriquecimiento para las salas de Palma. Será importante ofrecer una programación variada, tomar en serio los estándares técnicos y cuidar la relación con el barrio.

Las recomendaciones concretas para convertir la idea en realidad están claras: diálogos transparentes con vecinos y Ayuntamiento, un concepto de gestión coherente que incorpore talentos locales y una apertura por fases: primero ciclos de prueba, programas nocturnos con aforo limitado y después la ampliación técnica. Medidas acústicas y una planificación gastronómica cuidadosa ayudarán a evitar conflictos.

Lo que surja en Palma podría ser algo más que otro lugar de ocio. Sería un espacio que acoge recuerdos y crea otros nuevos: pequeños espectáculos, cantautores, cabaret un miércoles por la noche, conciertos de fin de semana con música regional. Para los artistas jóvenes se abre un escenario; para los habituales, un punto de encuentro; y para la ciudad, un fragmento de cultura urbana que no tiene por qué ser ni ruidoso ni elitista.

Al volver a casa, cuando las farolas del Passeig Mallorca proyectan su luz amarilla sobre el asfalto y desde un bar cercano se escuchan acordes de guitarra, la imagen aparece con rapidez: una sala histórica reutilizada, con olor a café y a calamares fritos, plazas animadas y gente que sigue comentando después de la función. Precisamente esos lugares necesita Palma —y quizá de un antiguo bingo vuelva a surgir pronto un espacio donde se cuenten historias.

Si el café-teatro llega depende ahora de permisos, socios y de un concepto de gestión viable. Las probabilidades son buenas; las conversaciones continúan y la ciudad parece dispuesta a dar una oportunidad a este capítulo. Para la isla no sería solo un enriquecimiento cultural sino también social: empleo para técnicos, personal de sala y artistas, un nuevo punto de encuentro para locales y visitantes por igual.

Y quién sabe —quizá pronto por las tardes vuelva a escucharse el traqueteo de los trabajadores del escenario en lugar de las máquinas vacías de bolas. Sería un buen intercambio.

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