
Navidad blanca: Cómo un niño nacido en Mallorca descubrió la sensación de la nieve
Navidad blanca: Cómo un niño nacido en Mallorca descubrió la sensación de la nieve
Un niño de cuatro años nacido en Mallorca viaja en Navidad al frío de Alemania y vive allí su primer encuentro con la nieve. Guantes pequeños, un pantalón de nieve de segunda mano y ojos asombrados.
Navidad blanca: Cómo un niño nacido en Mallorca descubrió la sensación de la nieve
«Mamá, ahora lo tengo — ¡la nieve se siente rara!»
En Mallorca, en diciembre, se suele oír el murmullo de la Tramuntana, el trajín de los vendedores en el casco antiguo de Palma y el ocasional graznido de las gaviotas en el puerto. Este año una familia trajo por un tiempo otros sonidos a la isla: voces infantiles chillando, pero no tras un día en la playa, sino después de que un niño de cuatro años sintiera la nieve entre los dedos por primera vez en su vida.
El pequeño, nacido en la isla, en las semanas previas a la Navidad solo tenía ojos para las imágenes con superficies blancas. Las historias de playa le aburrían; la palabra «playa» la respondía con un demonstrativo giro de ojos. El viaje lo llevó a la tierra natal de su padre en Alemania —no a una estación de esquí, sino a un pueblo donde en Navidad las calles todavía se iluminan con faroles en lugar de neones.
La mañana del 24 no había una capa gruesa. Pero el paisaje estaba «espolvoreado»; una fina capa se posó sobre los tejados y los setos. Para un niño que hasta entonces solo conocía la arena entre los dedos, eso ya fue suficiente. En los días siguientes cayó más nieve; unos pocos centímetros bastaron para que lo invisible se volviera tangible.
Equipado con un pantalón de nieve de segunda mano y guantes de Paw Patrol que solo podía ponerse con la ayuda de su madre, salió a la calle. Exploró la capa blanca como si fuera un continente recién descubierto: la tocó, la amasó, pasó la mano por una raya de nieve. Entonces llegó la revelación —no en palabras, pero en sus ojos estaba escrito: entender qué es la nieve. Junto al padre y a un amigo rodó pequeñas bolitas y colocó orgulloso un diminuto muñeco de nieve en el bordillo de la acera. No era una obra maestra, pero para él era un monumento.
La escena fue sencilla y hermosa: el olor a leña de la casa vecina, el lejano traqueteo de una cuchilla de trineo y la risa infantil que parecía ahuyentar cualquier frío. No hubo grandes regalos ni bullicio; solo dedos asombrados, mejillas heladas y la necesidad abierta de aprehender el mundo con el tacto. Esos momentos perduran —no solo en fotos, sino como historias que se cuentan después.
¿Qué significa esto para Mallorca? A primera vista quizá nada, aparte de un recuerdo cálido que, al volver a la rutina insular, quedará cubierto otra vez por la brisa marina y el ruido de las calles. Sin embargo, la isla ha registrado frentes de lluvia y nieve en Mallorca y, en ocasiones, se notan bajadas de temperatura que afectan a cotas altas. Una experiencia pequeña así abre la mirada: los niños nacidos en Mallorca aprenden que la identidad no es unívoca. Un niño de cuatro años trae de vuelta a la isla una curiosidad contagiosa y cuenta en el jardín de infancia una temporada que allí se vive raramente. Es una forma de intercambio cultural, incluso antes de que el niño hable bien su segunda lengua.
Para los padres, la historia es un recordatorio sencillo: no hace falta equipo de primera para permitir los primeros descubrimientos. Un gorro que quede bien, guantes calientes y un viejo pantalón de nieve suelen bastar. Y las pequeñas aventuras, aunque duren solo unos días, marcan más que cualquier viaje caro.
Cuando en Palma vuelvan a rugir las motos por la Carrer de Sant Miquel, el Passeig Mallorca se pueble de paseantes y se enciendan las luces de Navidad en Plaza España, este niño quizá tenga un gusto especial por el invierno. En verano contará su primer muñeco de nieve y hará brillar los ojos de quienes ven arena a diario. Eso agranda un poco la isla: las historias viajan, se cuentan y llenan de color la vida cotidiana.
Así que si pronto ve a un niño entre olivos y palmeras mirando con nostalgia imágenes de tejados nevados, quizá solo sea cuestión de tiempo hasta que él mismo sostenga la fría y quebradiza nieve en sus manos.
Leído, investigado y reinterpretado para ti: Fuente
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