Operario de Emaya limpiando graffiti en una pared urbana de Palma durante campaña de limpieza

Casi 9.300 grafitis eliminados: Palma limpia, ¿pero da en el blanco?

Casi 9.300 grafitis eliminados: Palma limpia, ¿pero da en el blanco?

Emaya eliminó en 2025 casi 9.300 grafitis en Palma. ¿Hay detrás presión y multas o faltan medidas para que el problema se reduzca de verdad?

Casi 9.300 grafitis eliminados: Palma limpia, ¿pero da en el blanco?

Pregunta clave: ¿Limpia Palma las fachadas o la ciudad pierde la oportunidad de resolver el problema de forma sostenible?

En enero, cuando el viento de la Tramuntana empuja aire frío sobre las piedras del casco antiguo, se les ve a menudo: los equipos de Emaya con chalecos llamativos, a primera hora en la Plaça Major o en la Carrer de Sant Miquel. Los hidrolimpiadores cantan, el agua huele a sal y a jabón, un jubilado con el periódico se detiene y sacude la cabeza. En 2025, según el informe, los servicios municipales han eliminado casi 9.300 grafitis, un año récord; esa actividad convive con intervenciones puntuales como Palma renueva instalaciones deportivas.

La nueva ordenanza de convivencia de la ciudad contempla multas de hasta 3.000 euros por las pintadas. Eso suena a postura firme: eliminar, sancionar y seguir. Pero ¿quién habla de los costes, quién de la prevención, quién del origen de las pintadas? Si la respuesta consiste solo en multas, es una visión muy estrecha de un problema con muchas aristas; y la fiscalización puede ser intensa, como muestra la cobertura sobre 150 infracciones diarias.

Análisis crítico

Eliminar las pintadas no es un acto neutral. Cada limpieza a presión, cada pintura que se evapora de una fachada histórica, deja huellas —estéticas y también materiales. Emaya hace lo que una administración municipal debe hacer: reacciona. Pero la reacción genera contadores: cada tag eliminado, cada firma borrada es un número en una estadística. La cifra sube. Eso puede significar dos cosas: más gente pinta —o la ciudad observa con más atención, lo denuncia y lo limpia más rápido. El balance solo muestra el resultado, no la causa.

Las multas como cortina de intimidación son cómodas para la política: permiten mostrar mano dura. En la práctica, una sanción solo sirve si puede ejercerse. Muchos autores de pintadas son jóvenes sin ingresos, o grafiteros del entorno turístico para quienes una orden de pago es papel mojado. Y: las amenazas públicas de sanción no generan automáticamente respeto por el patrimonio urbano.

Qué falta en el debate

En las discusiones sobre las cifras de Emaya faltan varias cosas. Primero: la mirada sobre la prevención. ¿Dónde hay muros legales, dónde hay centros juveniles con talleres de spray? Segundo: transparencia sobre costes y consecuencias para los inmuebles protegidos. Tercero: un debate honesto sobre la diferencia entre vandalismo y arte urbano. Cuarto: respuestas a la pregunta de quién paga la limpieza —¿las arcas municipales, los propietarios o los causantes? Si todo recae en el ayuntamiento, las limpiezas se convierten en una carga permanente para el presupuesto municipal; ejemplos de reivindicación vecinal aparecen en noticias como Playa de Palma: Los vecinos presentan un plan de 36 puntos por más limpieza, zonas verdes y seguridad.

Escena cotidiana

Quien pasea por la Avinguda Jaume III por la mañana lo ve rápido: una pequeña furgoneta de Emaya aparcada, dos operarios limpian una parada de autobús, el café de la cafetería de al lado humea en el frío, una estudiante con mochila observa cómo desaparece un rótulo. El dueño del perro que pasea por la calle murmura: "Me alegra que lo hayan quitado, pero el fin de semana habrá otro nuevo." Ese es el efecto recurrente que las cifras desnudas no muestran.

Propuestas concretas

Si Palma quiere menos grafitis, necesita más que hidrolimpiadoras y multas. Propuestas realistas y aplicables localmente:

1) Señalar espacios legales: habilitar lugares en puntos menos sensibles de la ciudad, por ejemplo bajo puentes o en zonas industriales de Son Ferriol, acompañados de normas. Los grafiteros obtienen espacio, la ciudad menos problemas.

2) Sistemas móviles de notificación y reacción rápida: una app sencilla o un número de WhatsApp para que la ciudadanía avise de pintadas con rapidez. La limpieza rápida reduce el efecto imitador.

3) Programas de prevención: cooperaciones con escuelas, asociaciones culturales y galerías locales para talleres que enseñen técnica y responsabilidad. De los grafiteros a veces surgen mediadores para proyectos legales.

4) Prácticas restaurativas: en menores combinar obligación de limpieza con participación en un taller o proyecto social en lugar de solo pagar una multa.

5) Participación de propietarios y modelos de financiación: fondos de innovación para la restauración de fachadas protegidas; apoyar a los propietarios en lugar de dejarlos solos.

Conclusión

Palma ha borrado mucho en 2025 —visible, medible y fácil de comunicar. El balance impresiona, pero no sustituye una estrategia. Quien solo elimina y castiga prolongará el ciclo. Sería mejor una mezcla de limpiezas rápidas, alternativas legales, educación y reglas justas para propietarios y causantes. Solo así se puede reducir de forma duradera el número de grafitis eliminados —y la ciudad conservaría su pátina sin estar en una lucha continua contra las latas de spray.

Una idea final: quien ama la ciudad no solo limpia; se asegura de que haya menos que limpiar.

Leído, investigado y reinterpretado para ti: Fuente

Noticias similares