
La corrida regresa a Muro: un pueblo entre tradición y protesta
El 14 de septiembre está previsto que en Muro se celebre de nuevo una corrida en la arena La Monumental. Para muchos es nostalgia, para otros un paso atrás. Un vistazo a las razones, los protagonistas y posibles vías para salir de la confrontación.
La corrida en Muro: ¿Qué ha pasado y por qué causa revuelo?
El 14 de septiembre está previsto que en Muro, tras ocho años de pausa, se celebre de nuevo una corrida. El ayuntamiento ha alquilado la histórica arena La Monumental a una empresa organizadora de eventos que prepara el acto (ver Muro arrienda la plaza de toros). A primera vista parece una fría decisión económica: hay demanda en el mercado, el municipio cobra un alquiler, pueden llegar turistas. A segunda vista, la decisión irrumpe en un debate que en Mallorca se ha ido agudizando durante años.
La pregunta central
¿Queremos preservar la tradición a cualquier precio o ha llegado el momento de un cambio? Esta pregunta guía recorre las calles empedradas de Muro, acompañada por el tañer de la campana de la iglesia, el canto de las cigarras y el tintinear de las tazas de café en la plaza.
¿Quién protesta y por qué?
Organizaciones de protección animal, en particular representantes de Franz Weber, han dado la alarma rápidamente. Para ellas la vuelta de la corrida es un 'paso atrás'. La crítica va más allá de la indignación moral: ven en La Monumental una oportunidad perdida para una reorientación cultural: conciertos, teatro o fiestas locales que atraigan a más gente y polaricen menos.
En la calle se oyen los contrapuestos: los vecinos mayores recuerdan la excitación de las corridas de antaño, los más jóvenes lo descartan. 'Hay mejores maneras de mostrar nuestra cultura', dice una estudiante de Palma que discute en una parada del mercado. Bajo el hashtag #NoCorridaMuro se agrupan en línea cientos de voces críticas (véase La corrida de toros regresa a Muro: aforo completo y discusión acalorada), mientras en el bar contiguo un habitual añade con ironía: 'Eso atraerá turistas y algo de dinero para la caja'.
Lo que dice (y oculta) la política
El ayuntamiento de Muro habla de una decisión puramente económica y se muestra comedido en público. No es casualidad: los políticos no quieren romper la paz local pero tampoco renunciar a posibles ingresos. Esta prudencia táctica no reduce el debate, solo lo desplaza a foros, blogs y sobre todo a conversaciones privadas en los hogares (ver Muro vuelve a licitar la arena).
Aspectos que se discuten poco
Pasa desapercibido lo que el evento significa para la vida cotidiana del pueblo: ruido, aumento del tráfico, cuestiones de seguridad, pero también la perspectiva de los comercios locales. La reactivación de la arena podría llenar a corto plazo bares y tiendas de visitantes, pero también alejar a la clientela habitual. Apenas se aborda la vertiente jurídica y aseguradora: quien asume la responsabilidad en incidentes. Y qué ocurre con los animales traídos de otras regiones para la función.
Alternativas constructivas
Entre el blanco y el negro hay caminos para hacer del enfrentamiento algo productivo. Algunas propuestas:
1. Referéndum municipal: Una votación vinculante democratizaría la decisión y reforzaría la legitimidad para futuros usos de la arena.
2. Reutilización por fases: La Monumental podría emplearse culturalmente en temporada baja con contratos claros que excluyan eventos de corrida y favorezcan iniciativas locales.
3. Redirigir ingresos: Si se permite un uso económico, parte del alquiler podría destinarse a proyectos locales de protección animal y cultura.
4. Programas de encuentro y formación: Conferencias, ciclos de cine y mesas redondas podrían recuperar la historia del lugar y visibilizar alternativas a la corrida.
Mirando hacia adelante
El 14 de septiembre será más que una fecha: puede convertirse en la prueba sobre cómo Mallorca afronta tradiciones controvertidas. Si Muro quedará 'como antes' o si ese día desatará una discusión que desemboque en cambios a largo plazo, está por ver. Lo seguro es que cuando la campana suene aquella mañana de septiembre y las cigarras chirríen, se oirá más que pasos sobre el empedrado. Se trata de identidad, realidades económicas y de si un pueblo aprovecha la oportunidad para redefinir su lugar entre pasado y futuro.
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