Área montañosa de la Serra de Tramuntana con vegetación quemada tras un incendio

Muerte por fuego: lo que el incendio en Escorca revela sobre nuestra precaución

Muerte por fuego: lo que el incendio en Escorca revela sobre nuestra precaución

Un hombre muere tras un incendio en la Serra de Tramuntana, cerca de Escorca. ¿Quién protege el paisaje y a las personas cuando fuegos tradicionales se descontrolan?

Muerte por fuego: lo que el incendio en Escorca revela sobre nuestra precaución

Pregunta central: ¿Se podría haber evitado este incendio con medidas sencillas?

Una mañana en la Serra de Tramuntana, por encima de Escorca, se incendiaron casi dos hectáreas de pinar y matorral. En el lugar los servicios de emergencia encontraron el coche del hombre de 78 años y su perro y casos relacionados con mascotas en incendios en Llucmajor. El hombre fue hallado sin vida tras una búsqueda, con quemaduras. Bomberos de Sóller e Inca y equipos del organismo de protección ambiental IBANAT sofocaron el fuego; un helicóptero de extinción ayudó en las descargas de agua. La Guardia Civil y la policía judicial investigan las causas; una autopsia deberá aclarar si un problema médico desencadenó el incendio.

Los hechos desnudos son breves: hombre herido, perro y vehículo en el lugar, alrededor de dos hectáreas quemadas, helicóptero y una investigación en marcha. Pero de los detalles surge la pregunta mayor: ¿por qué está permitido trabajar con fuego al aire libre en una zona escarpada y expuesta al viento cuando participan personas mayores que viven solas?

Análisis crítico: En Mallorca todavía se realizan quemas "controladas" o tradicionales para limpiar parcelas o eliminar biomasa. Estas tareas conllevan riesgos. Un desvanecimiento, una racha de viento, una chispa sobre sotobosque seco — y un pequeño fuego puede convertirse rápidamente en incendio forestal. En este caso faltan testigos, por eso los investigadores solo cuentan con indicios. Todo apunta a que una persona vigilaba la hoguera sola; aparentemente no recibió ayuda a tiempo; incidentes recientes, como el fuego junto al campo deportivo en Inca que dejó un bombero herido, evidencian la gravedad de estas situaciones.

Lo que a menudo falta en el debate público es la conexión entre dos cuestiones. Primero, las normas de conservación y prevención de incendios (¿quién puede quemar, cuándo y con qué permisos?). Segundo, la dimensión social: habitantes que envejecen en zonas montañosas poco pobladas, que realizan trabajos sencillos en solitario — sin contacto de emergencia ni ayuda rápida. Hablamos de proteger paisajes, pero no lo suficiente de proteger a quienes viven en ellos.

Una escena cotidiana: en la Ma-10, cuando sopla el viento del norte, se oyen a lo lejos las campanas de las cabras, el traqueteo de una furgoneta y a veces el zumbido profundo de un helicóptero que vuela a apagar un fuego. En Escorca las carreteras son estrechas y las fincas empinadas; un simple desvanecimiento puede significar que nadie llegue a tiempo. Incidentes en otras carreteras, como el incendio junto a la Ma-15 que quemó tres hectáreas, recuerdan la velocidad con la que se extienden estos fuegos.

Propuestas concretas que ahora tendrían sentido:

1) Obligación de notificar y coordinación: Toda quema prevista cerca de zonas forestales debe comunicarse con antelación a IBANAT o al ayuntamiento con coordenadas GPS. Una comprobación breve por teléfono o app podría ofrecer indicaciones sencillas para reducir riesgos.

2) Quemas acompañadas: Especialmente para personas mayores, las quemas deberían permitirse solo en compañía de otra persona o de un equipo organizado por el municipio.

3) Sistemas de alerta y emergencia: Dispositivos de emergencia subvencionados o apps de aviso personal para residentes de zonas remotas; en caso de caída o desvanecimiento el aparato envía automáticamente la localización a los servicios de rescate.

4) Sensibilización y estrategia sancionadora: Campañas informativas periódicas antes de la temporada de riesgo y sanciones claras, justas pero vinculantes, ante conductas negligentes que pongan en peligro.

5) Patrullas locales y prevención: Controles municipales en zonas sensibles durante los periodos de riesgo, complementados por equipos de voluntarios que apoyen a los vecindarios.

Un punto es duro: las pequeñas quemas tradicionales tienen su lugar en la práctica rural. Pero la tradición no debe ser excusa cuando están en juego vidas humanas; casos urbanos recientes, como el incendio en Can Morro cerca de Porto Pi, lo recuerdan con claridad. La autopsia quizá aclare si un problema médico fue el origen. Sea como fuere, está claro: Escorca necesita reglas prácticas, vías de notificación sencillas y redes sociales que protejan a las personas que viven aisladas.

Conclusión: El incendio en Escorca es más que un suceso local. Muestra hasta qué punto la conservación del paisaje y la seguridad social están entrelazadas; además, fenómenos con alcance regional, como el humo que llegó hasta Palma desde incendios en otras partes de España, subrayan la necesidad de políticas coordinadas. Si queremos preservar la Serra de Tramuntana, debemos asimismo garantizar que quienes viven allí —sean mayores o jóvenes— no corran riesgos evitables que pongan en peligro sus vidas.

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