
Palma lanza concurso de ideas para el área Gesa — ideas de museo contra planes de aparcamiento
Palma lanza concurso de ideas para el área Gesa — ideas de museo contra planes de aparcamiento
La ciudad de Palma ha convocado un concurso de ideas para la zona alrededor del edificio Gesa. Se prevé mucho dinero — pero, ¿quién consulta realmente a los vecinos?
Palma planea una gran transformación alrededor del edificio Gesa — polémica sobre aparcamientos, espacios culturales y costes
La noticia es breve: el Ayuntamiento de Palma ha lanzado un concurso de ideas para el área Gesa, con fecha límite de entrega a comienzos de abril y una perspectiva de planificación hasta 2030. En el anuncio figura una suma total de casi 91 millones de euros, de los cuales alrededor de 40 millones solo para la rehabilitación del llamativo volumen del Gesa. Además, están previstos dos nuevos edificios subterráneos, un aparcamiento para unas 700 plazas, más zonas verdes y el rebajamiento de una calzada en dirección al Paseo Marítimo. En el Gesa rehabilitado deberían surgir, entre otras cosas, nuevas salas de exposición.
Pregunta guía
Pregunta guía: ¿Sirve este proyecto realmente a la sociedad urbana —o estamos, sobre todo, salvando al coche y a intereses inmobiliarios a costa del espacio público?
En resumen: el proyecto suena ambicioso y aporta recursos para la cultura. Al mismo tiempo, sobre la mesa hay un aparcamiento enorme y un rebajamiento de la calzada que puede alterar significativamente el esquema de costes y los flujos de tráfico. Decisiones como estas afectan no solo a las fachadas, sino a cómo se desplazan las personas por Palma, dónde juegan los niños y cómo se mantiene el acceso al mar en el Paseo Marítimo.
Análisis crítico: las cifras son concretas —91 millones, 40 millones para el Gesa—, pero no dicen nada sobre cómo se financiarán los costes de operación de las nuevas instalaciones, quién usará los aparcamientos en el futuro o cómo cambiará la carga de tráfico diaria. Un aparcamiento de 700 plazas atrae a conductores hacia el centro, precisamente en un momento en que los conceptos de movilidad urbana apuestan por menos coche y más bicicleta, autobús y desplazamientos a pie. Casos como la propuesta de 131 plazas de aparcamiento en Lluís Sitjar muestran alternativas de escala y conflicto entre aparcamiento y espacio público. El rebajamiento de la calle puede ofrecer alivio a corto plazo, pero a largo plazo funcionar como amplificador del tráfico (conocido como demanda inducida).
Además, en los datos básicos falta cualquier mención a la resiliencia climática: ¿cómo responde el proyecto a eventos de lluvia más intensos y al aumento del nivel del mar? Las construcciones subterráneas plantean exigencias especiales en impermeabilización y drenaje; eso puede encarecer mucho el proyecto y no se resuelve con la simple estimación del coste de obra. Es imprescindible integrar desde el inicio criterios de adaptación al cambio climático en los pliegos y estudios técnicos.
Lo que en el debate público a menudo queda corto es la perspectiva de las personas que viven en la zona, de los pequeños comercios del paseo y de quienes usan el Paseo Marítimo a diario. Faltan estudios de tráfico sólidos, estimaciones sobre la política de precios de los aparcamientos, aclaraciones sobre la financiación (presupuesto municipal, fondos, socios privados?) y compromisos vinculantes sobre el uso de las nuevas salas de exposición: ¿se mantendrán de acceso público o se alquilarán mayoritariamente para exposiciones lucrativas? Proyectos municipales recientes y disputados, como la remodelación de Portixol, evidencian la necesidad de procesos participativos claros.
Escena cotidiana en Palma: a primera hora una mujer mayor con su carrito de la compra se sienta en el banco frente al Gesa, dos jóvenes aparcan sus bicicletas en una farola, en el Paseo Marítimo hacen ruido autobuses y patinetes, pero el aire huele a café recién hecho del quiosco de la esquina. Para estas personas se decide si el paseo será más abierto y ajardinado o si quedará dominado por coches. Meses de obras significan ruido, desvíos y menos plazas para la clientela de las panaderías —no son riesgos abstractos, son la vida diaria.
Propuestas concretas para que el concurso no planifique al margen de la realidad:
• En lugar de 700 plazas, prever una mezcla de aparcamientos de corta estancia y un número claramente mayor de plazas para bicicletas, así como conexiones de autobús seguras. Las plazas de estacionamiento pueden descentralizarse (Park+Ride en las afueras) y el centro hacerse más libre de coches.
• Asignar espacios públicos de forma vinculante: un porcentaje (por ejemplo, el 1%) de la superficie expositiva reservado para iniciativas culturales locales, sin alquileres altos. Usos temporales durante la obra (pop-up galleries, mercados semanales) para proteger a los pequeños negocios.
• Evaluar temprano los riesgos ambientales y climáticos: publicar planes de inundación, nivel freático e impermeabilización; incluir conceptos energéticos con solar/geotermia y preferir materiales de construcción sostenibles.
• Planificar las fases de obra para que las calles comerciales no queden cortadas durante meses. Un calendario transparente, aparcamientos alternativos y exigencias de minimización de ruido en obra deben formar parte del programa del concurso.
• Reforzar la participación: foros de barrio, actos nocturnos, borradores digitales para comentar y la obligación para los ganadores de implantar pequeñas mejoras visibles desde el inicio (p. ej. más árboles, pasos peatonales) generarían confianza.
Conclusión: la idea de abrir el edificio Gesa a la cultura y crear más zonas verdes encaja con Palma. La crítica es legítima porque la asignación de enormes superficies para aparcamientos y el rebajamiento de calles marcan una dirección: más coches en lugar de más calidad de vida. Si el Ayuntamiento se toma en serio el concurso, debe formular las bases para que el uso social, la adaptación climática y la transición en la movilidad tengan prioridad. De lo contrario, corre el riesgo de una remodelación cara que, sobre todo, cree nuevas plazas para quienes vienen a trabajar desde fuera —y apenas beneficie a la gente que vive y disfruta el Paseo a diario.
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