
Alarma por sequía en Deià: lujo sin agua — Un pueblo entre turismo y sequedad
Deià raciona el agua: tres días a la semana no hay suministro en partes del pueblo. ¿Quién paga el precio — los hoteles o los residentes? Una mirada a causas y soluciones.
Cuando la ducha se convierte en un lujo: Deià con cortes de agua
Deià — la oreja de la Tramuntana, el aroma a romero en el aire, las campanas de la iglesia del pueblo y, de repente: no hay agua cuando se necesita. Desde principios de semana la administración municipal corta las tuberías en determinadas zonas los lunes, miércoles y viernes. Según una noticia sobre el racionamiento en Deià. No solo se ven afectadas casas de vacaciones y fincas aisladas, sino también dos hoteles de lujo y la urbanización Llucalcari, donde viven muchos residentes.
La pregunta central
¿Quién debe renunciar en tiempos de sequía: el turista en la cama de cinco estrellas o la familia que vive aquí? Esta cuestión no es solo moral, también es política y práctica: el municipio informa de un consumo semanal de alrededor de 3.300 metros cúbicos; el 37 por ciento se suministra ahora mediante camiones cisterna. Llucalcari por sí sola consume aproximadamente 200 metros cúbicos diarios, y algunos hoteles requieren hasta 30 metros cúbicos al día.
Más que un problema local
La imagen es típica de Mallorca este verano: largos periodos de sequía, carreteras llenas hacia la Serra de Tramuntana y el ruido de los camiones cisterna sobre la PV-9, con casos como la emergencia de agua en Valldemossa. La administración habla de "medidas necesarias" y se ampara en normativas municipales. Eso genera comprensión —y también enfado: huéspedes que vuelven de una excursión a la posible emergencia de agua en Sóller pueden quedarse sin una ducha caliente, mientras en el horizonte dos hoteles siguen en todo su esplendor.
Lo que a menudo se pasa por alto
En el debate público faltan tres aspectos: primero, la distribución desigual del consumo entre la infraestructura turística y los hogares; segundo, la vulnerabilidad infraestructural de los pequeños municipios de montaña, que apenas cuentan con fuentes propias; tercero, el papel de los depósitos privados y las piscinas, que en meses cálidos retienen enormes cantidades de agua. El hecho de que otros municipios de la isla hayan tenido que prohibir el llenado de piscinas demuestra que esto no es un caso aislado, como muestra el estado de alarma declarado en Es Pla.
Problemas concretos en el lugar
Llucalcari ha sido descrito como un punto caliente de consumo, pero las cifras por sí solas no explican las consecuencias sociales: personas mayores sin movilidad, personal de limpieza y de cocina cuyo trabajo depende del agua corriente, o pequeños arrendadores que necesitan buenas valoraciones. Los cortes temporales afectan de forma muy distinta a distintos grupos —y ello sin una priorización clara.
Qué podría ayudar ahora — enfoques realistas
Algunas medidas que podrían aportar claridad a la discusión:
1. Priorización y transparencia: Hacer público qué zonas se cortan, cuándo y por qué. Prioridad para agua potable, servicios médicos y hogares con personas vulnerables.
2. Regulaciones temporales en el sector turístico: Límites para las piscinas de los hoteles, ciclos obligatorios de ahorro en lavandería e incentivos para reducir la limpieza de habitaciones. Los hoteles son grandes consumidores —una distribución justa de la carga sería adecuada.
3. Soluciones técnicas a corto plazo: Plantas desalinizadoras móviles, conexión a redes regionales de abastecimiento, contenedores adicionales para agua de lluvia y aguas grises. Estas inversiones cuestan, pero generan resiliencia.
4. Estrategia a largo plazo: Ampliación del almacenamiento de agua, modernización de redes, estructuras tarifarias más justas y una planificación insular que vincule el crecimiento turístico a la capacidad de los recursos.
Oportunidades que se abren ahora
La crisis también puede ser un catalizador: hoteleros y vecinos podrían invertir juntos en depósitos descentralizados; el municipio podría impulsar proyectos piloto para el aprovechamiento del agua de lluvia; la administración insular tendría que establecer normas vinculantes para actividades intensivas en agua. El leve zumbido de la crisis climática seguirá alterando la tranquilidad del pueblo si no se actúa.
Perspectiva
Si los cortes actuales serán suficientes o si la situación se agravará sigue siendo una incógnita. Lo seguro es que quien en el futuro en Deià celebre los días lluviosos lo hará sabiendo que planificación, justicia y técnica deben actuar conjuntamente. Si no, al final quedará la ironía de que en un pueblo que vive del mar, el agua local escasee.
El debate se intensificará cuando llegue la temporada de baños. Deià es ejemplar en la pregunta de cómo Mallorca quiere repartir sus recursos en tiempos de cambio climático.
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