Bloques de arenisca apilados bajo el puente Jacint‑Verdaguer en Palma para impedir que pernocten personas sin hogar.

Bloques de piedra bajo el puente de Palma: ¿Disuasión en lugar de apoyo?

En un terreno bajo el puente Jacint-Verdaguer, el Consell ha colocado bloques de arenisca. Para los vecinos es una medida de seguridad; para las organizaciones de ayuda, una expulsión pura.

Bloques de arenisca en lugar de soluciones: lo que ocurre bajo el puente Jacint-Verdaguer

Ayer por la mañana, sobre las 9, pasé por el puente Jacint-Verdaguer. El sol pegaba y, en el terreno elevado junto a las vías del tren, había bloques de arenisca distribuidos de forma uniforme —ordenados, casi como en el camino de un cementerio. No había tiendas, ni mantas, ni cajas de cartón. Según el Consell, las piedras deben asegurarse de que nadie se establezca allí. En resumen y de forma práctica: disuadir.

Entre Son Fortesa y Son Oliva: un rincón que lleva tiempo en debate

El lugar está en la frontera entre Son Fortesa y Son Oliva, una parcela estrecha entre la vía del tren y el paso peatonal. Tras las obras de renovación del puente, el Consell dejó la zona acondicionada —y apiló estas piedras. Vecinos con los que hablé dicen: "Da sensación de más seguridad, ya no hay tiendas". Un hombre mayor en la plaza, que saca a su perro cada mañana, lo llamó pragmático: "Por fin dejan de acampar aquí".

Pero no todos lo ven tan fríamente. Iniciativas sociales que llevan años trabajando con personas sin hogar advierten de una política de mera expulsión. "Se protege la imagen de la ciudad, no a las personas", dice Maria, que lleva dos años en un servicio de asesoramiento local. Cuenta historias de gente que, tras el desalojo, se fue a otras puentes, parques o a márgenes de carretera inseguros.

Lo que falta: vivienda asequible y ayudas accesibles

El problema es conocido: hay pocas viviendas asequibles, pocos recursos de acceso fácil y a menudo existe una brecha entre la ayuda a corto plazo y el acompañamiento a largo plazo. Colocar bloques de arenisca es rápido, visible y fácil de comunicar para la administración. Pero no soluciona nada.

Me pregunté también cómo se siente esto para las personas afectadas. Tener que irse porque la ciudad lo decide. Sin perspectiva, sin dirección, sin un lugar conocido. Defensores de derechos humanos llevan tiempo pidiendo un plan maestro: más viviendas sociales, servicios móviles de atención y ofertas vinculantes de apoyo en lugar de intervenciones puntuales.

Mi impresión

Como vecina que vive y circula en bicicleta por Palma, me irrita el recurso fácil a la estética. Sí, la esquina está más ordenada. Pero la limpieza puede lograrse de otra manera: con programas que reintegren a las personas en el sistema. Espero del Consell que acompañe la medida: cifras sobre a dónde han ido las personas afectadas, qué alternativas se ofrecieron y, sobre todo, qué pasos siguen para que el problema no se traslade simplemente de A a B.

No es una llamada a mantener los lugares tal cual. Es una petición para buscar respuestas a largo plazo. Si no, al final solo quedarán piedras bien apiladas —y los mismos nombres en los informes sociales.

Si eres de la zona: ¿qué opinas? Esta mañana hablé con dos vecinos —las opiniones están divididas.

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